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La «Carta de ciudadanos cubanos a congresistas norteamericanos» en telegrama…

Hay algo tan pueril en estas palabras, que dan ganas de rascarles el lomo como a cocodrilo de peluche:

No obstante, creemos que si los ciudadanos de los Estados Unidos, como los del resto del mundo, aumentaran su presencia en nuestras calles y pudieran visitar a los familiares de los presos políticos y otros miembros de la incipiente sociedad civil cubana, podrían: en primer lugar, ser testigos presenciales de los sufrimientos del pueblo cubano; en segundo, sensibilizarse aun más con la necesidad de los cambios en Cuba; y en tercer lugar, ser puentes solidarios y cercanos para favorecer la transición que deseamos muchos cubanos.

Las leo en la denominada «Carta de ciudadanos cubanos a congresistas norteamericanos» [1], que recomiendo leer con atención.

En torno al embargo he escrito más de una vez y como mi posición no ha cambiado, allá los remito. Significativamente al artículo «Del embargo como una de las bellas artes» [2] (El Nuevo Herald, 22-07-2009).

En esencia, para el lector con prisas o remolón, no creo que un levantamiento unilateral sea conveniente, cuando el embargo podría ser una pieza fundamental de una negociación futura con el gobierno cubano. Lo que cabe es acelerar esa negociación y no creer que se la acerca regalando tokens. Con ello, tal es mi parecer, más bien se la aleja.

Sin que sea la primera ocasión en que disidentes cubanos se muestran favorables a la derogación del embargo, esta Carta constituye un documento inédito porque reúne a firmantes bien disímiles ―si bien es cierto que no hay por qué excluir que alguno acabe desmarcándose. Quienes se presentan como «miembros de la sociedad civil cubana» incluyen lo mismo a Guillermo Fariñas ―ahora en huelga de hambre― que a blogueras como Claudia Cadelo y Yoani Sánchez, a ex presos políticos o al conspicuo veterano de la lucha por la visibilización de la situación de los derechos humanos en la Isla Elizardo Sánchez, a Dagoberto Valdés, representante de una corriente crítica de larga data ―precisamente es Dagoberto, según mis fuentes, el responsable de la redacción primera de esta Carta― o a Manuel Cuesta Morúa, representante de la oposición de izquierda. Un cocktail de veras interesante.

Todos ellos manifiestan su opinión sobre la pertinencia del levantamiento unilateral del embargo, que respeto, aunque no sea la mía. ¡Cómo no?

Cosa bien distinta es lo que me parezcan sus argumentos.

¿Cuántos canadienses, españoles o italianos visitan a los familiares de los presos políticos, como suponen los firmantes de la carta harían los viajeros norteamericanos? ¿Alguien ha visto cola ante la casa de Antúnez? ¿Cuántos son «testigos presenciales de los sufrimientos del pueblo cubano» en términos que ayuden a la redención de los sufrimientos de marras? ¡Por Dios!

La Carta…, larga como las cartas malas con excepción de la de Kafka a su padre, debió, me luce, reducirse a anotar argumento que, aunque bien presente en ella, queda sofocado por argucias retóricas más o menos evidentes.

A saber, que hay disidentes cubanos y, sobre todo, decenas de millares de cubanos sin etiqueta de disidentes, que creen que lo que más y ya necesita Cuba es jama y guanikiki. Cubanos, muchos, que están cansados de pasar hambre o de ver pasarla y piden por señas que se abra más el grifo de las exportaciones de alimentos a Cuba desde EE.UU. Cubanos que saben que dinero es poder ―«empoderamiento», la palabra más fea adquirida por el español en los últimos años, se cuela, claro, en la Carta― y lo buscan para todos.

Oye, bien. Yo que tengo jama y guanikiki ―del último el justo, eso sí― no le voy a negar a otros que los procuren por las vías que les parezca. ¡Faltaría más! Y si creen de veras que eso los hará más libres, adelante. Porque en cierto sentido, llevan razón. O podrían llevarla.

Pero, por favor, que lo digan más claro, que uno, y con más razón los destinatarios, esos congresistas, tienen el tiempo escaso.

Yo habría mandado telegrama:

Jama + Guanikiki = Empowerment. ¡Dale!

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