Si al final va y la culpa la tengo yo.
Porque he advertido sobre la blogopatía cubensis, pero se ve que no lo suficiente. La cosa parecía ir bien y la enfermedad remitió hace meses y muchos enfermos se administraron la medicina de la abstención ―yo por una vez papista. Y se curaron.
Pero hay quien toma y toma, pero no el fármaco. No el de Platón, que decía Derrida. Y ahí se le sale roña nada socrática.
Hace cosa de un año dos años acudí a Cádiz a presentar un libro magnífico de Enrique del Risco [1], ¿Qué pensarán de nosotros en Japón?, y esta mañana me levanto con aviso de que un cubano de origen japonés que responde por Emilio Ichikawa cargaba contra autor y presentador. Así porque sí. Le dio por eso, como a una tía mía le daba por escoger el arroz y se metía semana revolviendo granos y pajas, pajas y granos. Escasos.
Ichikawa, caray. Aquel buen muchacho de Bauta que (decía que) sabía de Husserl. ¡Con lo fácil que es quedarse en los granos y las pajas!
Leí esta mañana lo que escribió anoche en su no sé si blog [2]. Pura bazofia. Caquita de aguardiente & sake. ¡Y, sobre todo, gratuita!
«¡Blogopatía!», diagnostiqué. Y me dije que lo releería en la noche para continuar indagando en los síntomas de ese mal.
Inútil pesquisa. Llego a casa y me encuentro con que ya lo borró el desdichado blogópata. Unas horitas para intoxicar y, desintoxicado ya, el veneno escondido hasta de la caché.

El Medicare, ¿contempla estas disfunciones?
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De contra:
Ha sido breve incursión en materia que evito por desconocerla adrede.
No sienta precedente, ni mucho menos.