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La FIFA, los jueces y las campeonas de Neptuno

Varios cientos de millones de personas asistimos hoy a dos flagrantes errores arbitrales. Luego, fuimos burlados y después convertidos en cómplices de una injusticia.

En el partido Alemania-Inglaterra hubo un gol que los jueces ignoraron [1]. Tanto así que las casas de apuestas lo están pagando [2]. Habría supuesto el empate a dos goles. No sabemos qué partido habríamos visto a partir de ese momento.

En el segundo partido de la jornada, el Argentina-México, los árbitros dieron por bueno gol que jamás debió subir al marcador [3]. Al hacerlo rompieron el empate a cero goles. No sabemos qué partido habríamos visto si ese empate se mantenía.

Puede, sí, que tanto Alemania como Argentina acabaran ganando sus partidos, como lo hicieron. Pero también puede que bajo la superficie de Neptuno exista una floreciente civilización para la que un juego parecido al parchís sea lo que para nosotros el fútbol. Y que las dos grandes estrellas de su liga femenina sean dos gemelas idénticas a la madre de Joseph Blatter, el presidente de la FIFA. Puede ser, ¿quién quita?

Cientos de millones de espectadores, más el aforo en ambos estadios, más los jugadores de los cuatro equipos implicados pudimos ver claramente que ambas decisiones eran equivocadas. Claramente equivocadas. Lo vimos una y otra vez, cuando las jugadas eran repetidas por televisión y en las pantallas de los estadios.

Tan solo un escaso puñadito de implicados en ambos juegos no vio esas repeticiones servidas apenas segundos después de producirse los errores. Y esos que no las vieron, que se negaron a verlas, fueron los árbitros y los jueces de línea, es decir, los que decidían, los responsables. La FIFA no quiere que las vean [4], porque las televisiones que pagan los derechos de transmisión le tienen fobia a procedimiento que podría alargar los partidos unos pocos minutos rompiéndoles sus cuidadosamente medidas parrillas en prime-time.

Hoy, y cada vez que algo así sucede ―recuerden la mano de Thierry Henry [5] que trajo a Francia al Mundial de Sudáfrica; a esa penosa Francia―, la FIFA nos sirve  juegos y campeonatos distintos a los que pagamos por ver.

Peor, nos convierte en cómplices de esos jueces falaces.

No descarto mudarme algún día a Neptuno. En sus anfiteatros a lo Star Wars gritaré entusiasmado en los campeonatos del parchís local.

Ah, y las gemelas esas campeonas me van a oír.

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