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Historias de espías, Updated…

Waldo Mariscal, hijo de una de las espías que el FBI acaba de enchironar [1] me ha alegrado la tarde con una hilarante tentativa de exculpar a su madre, Vicky Peláez, periodista (tal vez) peruana que trabajaba para El Diario – La Prensa de Nueva York.

Arguye airado el retoño [2] de (tal vez) peruana que lleva 20 años residiendo en Estados Unidos: «Apenas habla inglés mi madre, ¿qué va a hablar ruso?»

¡Oh, Señor! Desde aquí pude escuchar cómo Kim Philby [3] se revolvía en su tumba. ¡Qué bajo ha caído la profesión de espía con jefes que escriben en cirílico y tinta invisible!

Y, sin embargo, no fue esto lo que más me llamó la atención en asunto la mar de divertido. Léanse si no las dos actas de la acusación: Una [4] y, la más suculenta, Dos [5].

Lo que me erizó, y donde veo venir novela que venderá millones en aeropuertos de todo el mundo, fue la sorprendente nota del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso donde se da a entender que Vicky Peláez ―y ahora viene el por qué del «tal vez peruana Vicky Peláez»―, es en realidad rusa. ¡Rusa!

Así se pronunció ayer el vocero del ministerio de marras:

Comments by the Russian MFA Spokesman [6]
897-29-06-2010

Regarding the charges brought in the US against a group of persons on suspicion of spying for Russia we report that it is about the Russian citizens who at different times found themselves in the United States. They have committed no acts directed against US interests.

We presume that they will be given the normal treatment in their places of detention and that the US authorities will guarantee access to them for consular officers of Russia and lawyers.

We hope that the US side will show a proper understanding of this issue, including on the basis of the positive nature of the current stage of development of Russian-American relations.

June 29, 2010

Imagínense por un instante que esa (tal vez) peruana ―ah, por cierto, y (tal vez) peruana filocastrista [7]― tenga en realidad remoto pasado de pionerita uzbeka o kirguiza. ¡Qué regalo para el biógrafo! ¡Qué caramelo para el novelista! Su marido, por cierto y dudoso y pico, un tal Juan Lázaro, habría pasado la infancia en Siberia, según las grabaciones.

Pero, sí, ya sé que la realidad nos negará ese regalo mayúsculo y que, si no hay pifia en la citada declaración, apenas se tratará de «rusa» a la que regalaron la condición de connacional de Dostoyevski por «servicios prestados». Y, por lo visto, bien cobrados.

Con todo, qué importa si Peláez nació en Dushambé o Tashkent, cuando esta red de espías rusos nos ha dado lo que nos negaron los Cambridge Five [8], anteriores y mucho más novelables que los Cuban Five [9].

Esta Mata Hari absolutamente matadora. Anna Chapman, por ahora.

¿Quién se resistiría a susurrarle al oído un «Espíame, mami, ¡anda!» a esta muchacha? (La galería completa aquí [10].)

UPDATE:

Y no, Juan Lázaro, el marido de Vicky Peláez, ni es Juan, ni es Lázaro, ni es uruguayo.

Lo ha admitido hoy [11] ante el juez.

Sígase este asunto con atención. Yo lo haré, porque el caso, aunque parezca soso, es extraordinario y nos devuelve a un paisaje de Guerra fría que hace tiempo no paladeábamos.

Y yo tengo para mí, y llámenme exageráo, que podemos estar, con este falso uruguayo, ante uno una de las tramas de espionaje cubano de los espías cubanos más interesantes de los últimos tiempos.

Dicho queda.

[12] [13] [14] [15]