El rapero Wyclef Jean confirma que presentará su candidatura a la presidencia de Haití [1]. Criado en Brooklyn, Nueva York, Jean confía en poder enderezar un país al que la suerte le viene siendo esquiva desde aquel lejano día en que decidieron colocarse a la cabeza del mundo libre aboliendo la esclavitud. Fue hace tanto como en 1791.
En medio de una crisis que se come a Grecia, Islandia o España, la República Dominicana, país que comparte isla con Haití, muestra unos datos económicos despampanantes. Tanto como que de 2004 a la fecha ha conseguido duplicar el valor de su economía [2]. Preside ese país Leonel Fernández, eficaz dominicano criado en Nueva York.
Entretanto, en isla contigua, la isla de Cuba, los representantes del pueblo se aprestan a reunirse este sábado [3] con un dictador desmomificado que les hablará del inminente fin del mundo [4].
Va y tienen razón los cubanos: si el mundo se va a acabar, ¿qué puede importarles que los países de su área geográfica conozcan alternativas políticas o hagan crecer sus economías a ritmo trepidante?
Cuba y los cubanos, una vez más, reivindican que no por gusto uno de sus hijos, Paul Lafargue, escribió el delicioso opúsculo El derecho a la pereza [5].
¿A qué perder el tiempo del que tan poco nos queda según Castro I en empeños tan áridos como la política o la economía? Ocúpense haitianos y dominicanos de tales naderías.
En Cuba, ese país de entes superiores que tantas veces desprecian a haitianos y dominicanos por sentirse superiores y elegidos (¿para qué?), trabájese lo menos que se pueda en lo que queda de semana, atiéndase al apocalíptico discurso en mañana de sábado y después, y con perdón: ¡a singar, que el mundo se va a acabar!
También en el llamado «Mediterráneo de las Américas» cada isla tiene ―si es que no el destino― sí el presente que merece.