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(Sobre las) Cartas quemadas de Guillermo Cabrera Infante

Leo con atención los testimonios sobre Guillermo Cabrera Infante que trae La Gaceta de Cuba (pp. 36-40) [1]. Son tres, como los tristes tigres.

Sonso y pico y picúo el de Enrique Pineda Barnet (por no interesar, el pasado de EPB no interesa ni a EPB); atendible el de Pablo Armando Fernández; notable, por infrecuente, el de Marta Calvo, la primera mujer de GCI.

Reparo en las referencias de ambos últimos a las cartas de Cabrera Infante escritas a sus corresponsales en La Habana hasta el desenlace del Caso Padilla. Podrían ser documentos muy interesantes sobre la biografía intelectual de Caín.

Esto es lo que dicen los entrevistados:

Pablo Armando Fernández

«Cuando regresé a Cuba en 1965, no me dieron empleo. Por eso, Guillermito insistía mandándome cartas en las que me decía: “Te estamos esperando en Londres”. No las conservo, porque hubo un momento muy difícil en este país en el año 1971, cuando detuvieron a Padilla, y yo me deshice de todas. Nosotros estuvimos décadas totalmente abandonados. Yo pasé catorce años sin publicar un libro, trece sin pasaporte.»

Marta Calvo

«Una vez cierta profesora me dijo: “¿Tú sabes que te estás escribiendo con un agente de la CIA?” Le contesté que no sabía si Guillermito era agente de la CIA o no, que lo que sí sabía era que se trataba del padre de mis hijas y que tenía que escribirle para saber cómo estaban ellas. Ahora yo tendría muchísimas cartas, sentí miedo y las rompí todas.»

Y no me sorprende, ni a nadie: era previsible que esas cartas hubieran sido destruidas por miedo a la policía política castrista.

Lo que no deja de maravillarme es el hábito que han adquirido a lo largo del último quinquenio tantas víctimas de la represión de los sesenta y setenta para hablar del castrismo en pasado. Del miedo, en pretérito. De la represión, como quien manosea las cuitas de Juan Clemente Zenea.

La manera en que aluden abierta o veladamente a un parteaguas. La manera, lo peor, en que ese presunto parteaguas asociado a un Abel Prieto / Moisés baldará las memorias que algunos, cabe suponer, escriben y engavetan.

Y que leeremos, claro, si es que no les llega el momento de incinerarlas como aquellas cartas, que el show, aunque pretendan ignorarlo, no ha acabado. La lucha por la memoria es su última batalla.

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