
La segunda entrega de la crónica de Jeffrey Goldberg sobre su visita a Cuba [1] no tiene desperdicio. La razón es sencilla: el periodista de The Atlantic tiene algo de lo que carecen el resto de extranjeros que han visitado al dictador en el retiro regalado por la resucitación. Tiene sentido del humor. No es que no lo tengan otros de los visitantes de marras, como los aquiescentes venezolanos y el imbécil de Daniel Estulin [2], un tipo que sostiene que Theodor Adorno escribió las letras que cantaban los Beatles ―supongo que Help me!, cuando huía de los nazis. Pero Goldberg los supera en algo: no tiene reparos en «mirar» a Castro I desde la sorpresa del norteamericano que se encuentra con un déspota comunista. Y eso me divierte tanto como lo divirtió a él.
Goldberg ha producido dos titulares que The Atlantic tendrá largo tiempo entre los mejores que ha conseguido publicar. Primero, un Castro que riñe a Ahmaddineyad por su rabia antisemita [3]. Y hoy, ese desopilante: «Fidel: ‘Cuban Model Doesn’t Even Work For Us Anymore’» [1]. Sin dudas, el mejor titular que ha dado Cuba en décadas.
No hay que engañarse. El hombre que habla con el periodista llegado del norte es el mismo que habló a Herbert Matthews en la Sierra Maestra. Alguien que domina el arte de convertir los titulares en píldoras que ubicar en el gaznate de la maquinaria informativa.
Pero otro es ahora el decorado y otra es la página de su biografía que leemos. Y no sé ustedes, pero yo estoy gozando de lo lindo.
Las crípticas palabras del entrevistado, que Goldberg hace explicar a la sosa funcionaria del Departamento de Estado Council on Foreign Relations [4] que lo acompaña, me interesan menos que el relato del ocaso de un dictador que leo en esta crónica. Ese Acuario Nacional que se abrirá en día feriado para que le lleven su butaca y pueda admirar a los delfines ―animales tan inteligentes. Su desprecio por todo lo que no sea la gloria que ya ni siquiera cabe en el hongo de una explosión nuclear.
He asked us, “Would you like to go the aquarium with me to see the dolphin show?”
I wasn’t sure I heard him correctly. (This happened a number of times during my visit). “The dolphin show?”
“The dolphins are very intelligent animals,” Castro said.
(…)
Someone at the table mentioned that the aquarium was closed on Mondays. Fidel said, “It will be open tomorrow.”
And so it was.
Hace décadas leíamos, ¿recuerdan?, aquellos ciclos de novelas sobre dictadores. Ahora asistimos en directo a la redacción del final de esa novela sobre «Fidel» que nadie quiso o nadie pudo escribir.
Y entendemos el por qué. Faltaba todo esto. A saber, la resucitación del protagonista y su empeño en escribir de su propia mano el final de ese libro. Y asistir al cómo lo que iba a ser arcilla de la épica y la tragedia se convierte en comedia diseminada al instante por el rizoma de neón que es la red de redes.
No es la fábrica de sueños, sino la fábrica de una biografía que busca conjurar la pesadilla.
¡Gocen!