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De los Yohandry y la incapacidad de algunos cubanos para ser libres…

Hay muchas cosas que me divierten. Y hay algunas que no me divierten ni pizca. Entre las últimas, que manoseen mi nombre agentes del totalitarismo más brutos ―por brutos― y miserables ―por esconderse tras anónimo para insultar a mujeres― que la madre que los parió.

Hoy leo en el blog de «Yohandry» [1], una burda construcción urdida en La Habana tras la que se esconde lo más retardatario que conoce el intercambio de información sobre Cuba en la red, que soy un «conocedor de los manuales secretos de los llamados “chicos creativos de la CIA”» y un «obediente mercenario cultural del siglo XXI».

También que existiría «un post de Ferrer que [llama] a la sublevación dentro de la Isla y [da] detalles del papel de Estados Unidos para la victoria final».

El Frankestein/Yohandry cita también a Eliades Acosta Matos, quien por lo visto se ocupó de mí en libro publicado hace par de años que no me molesté en comprar: Siglo XX. Intelectuales militantes [2]. Que de lectura de panfletos castristas, las justas.

Acosta Matos, a la sazón Jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; a la postre, defenestrado, escribió cosas como las que siguen ―siempre según las citas de Yohandry:

«Jorge Ferrer, escritor cubano que desde Barcelona se ha jurado, gallardamente, luchar hasta el último estertor del mouse de su computadora, por el derrocamiento de la Revolución en la Isla».

También sostuvo que represento «los intereses restauradores del capitalismo en la Isla». Algo que para Acosta Matos equivale a ser un anti-cubano.

Hay cosas que no me divierten, decía.

Y tal vez la que menos sea constatar que hay tantos cubanos incapaces de pensar en libertad y concedérsela a quien no comparte sus opiniones. Así, constato que lo más despreciable de La Habana me tilda de agente de la CIA y mercenario. ¿Tengo que anotar que no me sorprende?

Con todo, lo cierto es que el presente de Cuba depende en gran medida de la capacidad de los cubanos para pensar la libertad y, sobre todo, ejercerla.

Y esa no es lidia para la que todos seamos aptos. Los mamporreros digitales del castrismo, por supuesto que no.

A mí que no me pidan la hora, que no les va a servir. Llevamos relojes muy distintos.

Foto: mi Bruno, aliado de la Cosa Nostra. Como yo agente de la CIA, vamos.

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