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«…para cuando llegue la libertad»

Leo las razones que esgrime Blas Giraldo [1] Reyes, uno de los presos de conciencia cubanos recientemente excarcelados, para trasladar su residencia a Miami desde España, su primera etapa en el exilio.

(Blas) Giraldo cree que lo bueno de ir a Miami, además de la familia, es “estar más cerca de Cuba para cuando llegue la libertad”.

De veras curioso ese último argumento, porque presupone:

1) Que «la libertad» llegará a Cuba en forma tan rabiosamente repentina que a alguien le importará ahorrarse seis horas de vuelo en avión.

2) Que Giraldo desea correr allá a encontrarse con esa libertad súbitamente acaecida en cuanto lleguen las noticias del parto.

Me da a mí que el amigo Giraldo tiene que recorrer aún un largo trecho en el exilio para asimilar lo que sabe cualquiera que trasiegue con estos asuntos del porvenir de Cuba, materia tan incierta como la existencia de vida extraterrestre.

A saber:

1) Que los exiliados no planificamos nuestras vidas pensando en ese instante improbable ―por creerlo súbito. Hay otras muchas razones y otras muchas urgencias más perentorias que lo que no parece tener ninguna.

2) Que muy probablemente nada resulte más apetecible que encontrarse lo más lejos posible de Cuba el día en que llegue «la libertad» que llegará.

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