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(Algunas) Lecturas de octubre

(Síganse los enlaces para las referencias bibliográficas completas.)

The Future of Nostalgia [1]
Svetlana Boym

Pocos libros más completos si se trata de pensar la nostalgia como categoría que define la condición del exilio y los azares del hombre poscomunista. Boym, rusa de nacimiento y exiliada en 1980, ha conseguido reunir los fragmentos dispersos de la memoria de la emigración rusa y confrontarlos con un país que entró a la década de los noventa como niño con juguete nuevo, pero roto. Un libro de veras magnífico.
Me regaló, por cierto, una nueva pista cubana de Joseph Brodsky: el célebre armario que dividía La habitación que compartía con sus padres en (el entonces) Leningrado estaba coronado por, entre pocas otras, una botella de Havana Club.

A Distant Mirror. The Calamitous 14th Century [2]
Barbara W. Tuchman

Prefiero a la Barbara W. Tuchman de La torre del orgullo o Los cañones de agosto. Su retrato de la Europa que se enfrentaba al horror de la primera guerra mundial trazado con paciencia y precisión de notario es sencillamente inigualable. En cambio, la incursión de Tuchman en el Medioevo no me ha entusiasmado demasiado. Si su Europa del siglo XX es retrato vivo e hiperrealista, su manoseo con el pasado medieval tiene algo de caricatura.

Let me go (Lasciame andare, madre) [3]
Helga Schneider

Adelphi publicó en 2001 este libro que no había llegado antes a mis manos. Helga Schneider fue abandonada por su madre en el Berlín de finales de los años 30 del s. XX. Cincuenta años después vuelven a reunirse en un asilo de ancianos en Viena, donde su madre espera la visita de la muerte. Y hablan de lo que las separó: el fanatismo de una mujer que prefirió el uniforme de las SS e irse a trabajar en Ravensbruck y Birkenau ayudando a los médicos que experimentaban con los presos judíos, antes que cuidar de sus hijos.
Intensidad, dolor y razones. Muy recomendable.

Batista. From Revolutionary to Strongman [4]
Frank Argote-Freyre

Una biografía de Fulgencio Batista. O media, porque hay anunciada segunda parte que ya tarda.
La salva el hecho, nada fortuito, de que nadie haya emprendido otra en décadas. La condena todo lo demás: aburrida, escrita con lengua de estudiante de secundaria, la grisura, cuando no oscuridad, de las fuentes.
Con todo, atiéndasela. Para generaciones de cubanos Rubén Fulgencio Batista es un perfecto desconocido. O un conocido imperfecto.

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