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El poscomunismo en RED et al.

Ya no es que las apariencias engañen. Ahora es mejor, ¿no?

En RED [1], estrenada esta semana en EE.UU., otra vez John Malkovich, otra vez la CIA y otra vez la Embajada de Rusia en Washington.

Otras, porque ya en Burn After Reading [2] (2008), de los hermanos Joel y Ethan Coen, el mismo trío. Para los Coen los rusos eran cosa de risa ―hay alguna escena allí de veras hilarante en la Embajada de marras (Aquel «PC or Mac?», por ejemplo).

En RED, de Robert Schwentke [3], la Embajada esconde sórdido sótano donde oficiales rusos y norteamericanos enjugan los agravios con vodka y recuerdan historias de amor y despecho entre agentes de uno y otro bando.

El poscomunismo de Hollywood es un planeta más líquido que el nuestro. Tiene mucha, mucha más agua que tierra. Parecería un bien satélite donde empadronarse: impera la desmemoria en un paisaje por donde si alguna vez se pasea el rencor es para conjurarlo enseguida con una acción conjunta contra los nuevos malos.

Ni siquiera el RED del título, el mismo color rojo del cartel, alude a la ideología que supuraban aquel país y la embajada que ahora es set de rodaje. Aquí RED, vaya guiño, vale por Retired Extremely Dangerous. ¡Que son ganas de burlarse!

Lo bueno de todo esto es que las risas del público convierten el pasado reciente en ficción, supremo fármaco.

Lo malo, si acaso alguna vez ocurre algo malo en una sala de cine, es que uno paga $8.25 por un trago de desmemoria. Yo creo que nos la deberían vender más cara, al menos tanto como nos costará en realidad.

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