
Ay de lo que prometía esa mezcla de dos franquicias globales que tienden a la más redonda perfección: UPS y Al-Qaeda.
Sendos emblemas del lleva y trae global devenidos eficaces maquinarias. Cabía pensar que juntos implicarían desafío similar al del encuentro de la Coca-Cola y la hamburguesa o la pizza llevada a domicilio y el fútbol televisado.
Pero (felizmente) el dúo no dio la nota.
Y es que Al-Qaeda ya no es lo prometía ser. Se les ha quedado en húmeda oficinita de (mala) venta por catálogo.