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Otra sobre el quid pro quo de los hermanos Castro

Un par de salvadoreños que cometieron repetidas acciones terroristas en Cuba —Raúl Ernesto Cruz León [1] y Otto René Rodríguez Llerena [2]— han visto conmutadas sendas condenas a muerte por otras tantas de 30 años de privación de libertad. Una de esas acciones se saldó con la muerte de un turista italiano en La Habana.

Entretanto, ambos salvadoreños le hacen un servicio a sus benefactores: echarle más tierra encima a Luis Posada Carriles [3], a ver si echada la tierra le echan también el guante.

Paralelamente Raúl Castro asiste a celebrar Hanuká con la comunidad judía de La Habana [4] y hasta se ocupa de encender la menorá. Acto tan rotundamente obsceno que, excúsenme por ello, me inhibo de comentarlo —sospecho que de hacerlo evocaría el encuentro entre Judith y Holofernes, que tan caro costó al segundo [5].

Entretanto, los líderes de esa congregación ayudan a joder aún más jodido al contratista norteamericano Alan Gross, el único tipo buena gente que asoma la cabeza [6] —todavía sobre sus hombros— en este post. Con ello Cuba busca una opción de canje por alguno o varios de los cinco espías [7] confesos y, por lo mismo, bien presos.

Tal vez los cubanos deberían aprender de salvadoreños y judíos (cubanos) esta redentora magia del quid pro quo de los hermanos Castro.

Darles algo tan tentador que aquellos se vean dispuestos a devolverles los derechos civiles que les han conculcado.

Lo malo, ay, es que los cubanos no parecen tener nada que ofrecerles —y ahí volveríamos a enredarnos aquí con lo de Judith y Holofernes.

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