Ayer tropecé con este fragmento de las memorias de Alexander Herzen [1], uno de los exiliados del pasado, Chateaubriand es otro, que escribieron memorias que también lo son sobre la condición del exilio. Las de Herzen fueron escritas hace 150 años.
He querido compartir con ustedes estos párrafos traducidos con prisa que los puristas, ojalá, me perdonarán.
¿Quién sabe? Va y a alguno le aprovecha…
En alguna ocasión, víctima de un acceso de ira o de amarga risa, concebí la idea de escribir un panfleto titulado «Les réfugiés peints par eux-mêmes», a la manera de las ilustraciones de Grandville. Hoy me alegro de haberme abstenido de hacerlo. Porque ahora veo este asunto en forma más serena. Me río menos. Y menos me asquea. Por otra parte, lo cierto es que el exilio dura ya demasiado y pesa mucho más sobre la gente…
Con todo, todavía hoy debo decir que los exilios emprendidos sin un objetivo preciso y más bien como consecuencia de la victoria de una fuerza opositora cortocircuitan el desarrollo de los hombres y los apartan de toda actividad viva para empujarlos al reino de la fantasía. Salidos de la patria con rabia en el pecho y la permanente convicción en el regreso inmediato a ella, los exiliados no avanzan, sino que regresan al pasado una y otra vez; la esperanza concebida en el regreso les impide asentar las ideas y emprender una obra duradera; la irritación y las encendidas disputas entre ellos les impiden escapar de un reducido número de cuestiones por resolver, ideas y recuerdos, que conforman un opresivo yugo que los aherroja. A los hombres, y particularmente a los que padecen situaciones extraordinarias, los suele dominar una pasión por el formalismo, por un pensamiento de índole fabril, una superficialidad en el desempeño de sus profesiones, que hace que adopten de inmediato un aire de encierro y los domine un afán doctrinario.
Enajenados del entorno natural al que pertenecían, todos los exiliados cierran los ojos a las amargas verdades y prefieren habitar los predios de un círculo cerrado y fantástico que se alimenta de recuerdos inertes y esperanzas irrealizables. Si a eso añadimos la manera en que se apartan de quienes no son exiliados como ellos y un elemento de exasperación, sospecha, excepcionalidad y celo, resulta evidente que a este nuevo y tozudo Israel no hay quien lo entienda.
Alexander Herzen, Obras escogidas (Volumen 4), Terra, Moscú, 2009, p. 289 (En ruso.)