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La disidencia cubana según Wikileaks: ¡no quiero llanto!

Los cables filtrados por Wikileaks y publicados en la noche del jueves por el diario El País [1] muestran que los funcionarios norteamericanos no creen en la oposición cubana, conocen muy bien las divisiones internas que la fragmentan, son conscientes del ansia de cada facción por conseguir más dinero y así «opacar» a las otras, saben del divorcio del discurso opositor y la opinión pública cubana, etc., etc.

Muestran lo que sabe cualquiera que atienda a los avatares de casi —subrayo: casi— todos esos pocos que han elegido el duro camino de la «disidencia» a un régimen totalitario, ya sea por convicción o por interés. Metidos en harina, acaban enharinados por la DSE, por la presión familiar que les pide visas y salto a Miami, por los tejemanejes de quienes se lucran con ellos desde el exilio o por las dentelladas de quienes compiten por el favor de los donantes. Las más de las veces también por sus propias miserias, de las que nadie está exento y el hostigamiento de la policía castrista exacerban.

Que a Martha Beatriz Roque la llamen entre ellos «La Bruta», que de Elizardo Sánchez todos tengan la certeza de que colabora con la DSE, que Vladimiro o Payá terminaran siendo caricaturas de sí mismos, que cada vez que nos inventamos un «Mandela cubano» acabemos pifiándola, que la unidad de las Damas de Blanco sea una entelequia vendida a tontos…: todo eso lo saben los diplomáticos norteamericanos, ¡y todos los demás!, en La Habana. Para rizar el rizo hace unos días dos disidentes se pelearon a puñetazos a las afueras de la Oficina de Intereses y ahora muchos buzones de correo —el mío entre ellos— van recibiendo los trapos sucios, jaba a jaba. En ellos la pugna por CUC más o CUC menos es una dolorosa constante.

Eso será lo malo para algunos.

Para otros lo bueno será que aun reconociendo todo eso los diplomáticos norteamericanos terminen cada descripción de las lacras de esa oposición con invariables «los seguiremos apoyando».

Si nos aplicáramos aquello de que cada pueblo tiene no solo el gobierno que merece sino también la disidencia que merece, habremos de concluir que con los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos hemos ganado aliado que no merecemos.

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