
Al teléfono:
—Ferro, ese juicio a Posada Carriles es lo más divertido que he visto en años [1]… Ese viejo roncando ahí… ¡Del carajo! [2]
—Lo malo es que es el juicio más divertido que veremos en años.
—Posada Carriles, compadre. La «Némesis» de Fidel, como repiten ahora los periódicos…
—…
—Porque, tú, y dime la verdad, ¿quieres que salga absuelto o que lo empapelen?
—¡Absuelto!
—Coño, ¡es un terrorista!
—En El Paso se lo juzga por mentirle a los americanos para obtener la residencia y jamar en La Carreta, Ayestarán, Versailles o Las Culebrinas. Oye, ¡si se juzga por eso a miles de cubanos en Miami y alrededores, todos culpables! ¡Imagínate el lío! ¡Empapelan a media ciudad o a ciudad y media! Todos los que juraron y perjuraron que jamás fueron comunistas, que fueron opositores día y noche… Toda esa biografía inventada, que ni Jacobo de la Vorágine.
—Pero…
—Sin peros… Juzgan a un cienfueguero X —y olvídate que se apellida Posada Carriles— por «mentiroso». Por mentir a gobierno para obtener prebenda. Juzgan a cubano que llega a Miami por actuar como cubano que llega a Miami. ¡Absuelto, socio! ¡O empapelados millares! ¡Tú imagínate que las televisiones de esa ciudad no habrían tenido ni una jeta de insider que mostrar si todos los que llegan contaran a quién sirvieron y cuánto!
—Ferro, ¡es un terrorista!
—Pues, que se juzgue eso mañana. Pero en El Paso, la historia de tantas mentiras contadas por esbirros y esbirritos de los hermanos Castro lo debería absolver. Y espero así sea, a pesar del plasta de abogado que se buscó.