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El infiltrado Carlos Serpa despierta mi mayor interés

No desdeñen esa pieza de vídeo hecha pública anoche en la televisión cubana. «Los peones del Imperio» se titula y en ella se produce el outing de un agente de la DSE infiltrado en las filas de la oposición.

En dos partes, puede verse aquí [1] y aquí [2].

Mal harían en desdeñarla, digo; en pasarla por alto. Yo no lo he hecho, aviso.

Bien al contrario, la he visto con mayúsculo interés. Y con el mayor interés he seguido cada una de las palabras de ese Carlos Serpa, con el mayor interés he atendido a sus gestos, las inflexiones de su voz. Mayor si cabe interés he puesto en escrutar su cara, los movimientos de sus labios, cada ademán. Hace rato no ponía, créanme, tanto interés en observar a un tipo. Atendí interesadísimo a la exposición de sus, digamos, «convicciones»; muy especial interés me despertaron sus palabras dirigidas a las Damas de Blanco. Enorme fue el interés que concedí a la manera en que se refiere al exilio, a nosotros. Descomunal el interés que puse en esa escena final cuando habla de «Fidel».

¿Que por qué?

Pues porque toda relación con los empleados de la maquinaria represiva de los hermanos Castro requiere mimemos con el mayor interés el tamaño del desprecio que nos despierta esa gente. Que dediquemos el mayor interés a alimentar el asco que sentimos por esos hijos de puta. Y muy especialmente, cuando se trata, como en el caso de este pobre Serpa, de un mero chivato. Un chivato que burla a mujeres que sufren el presidio de sus esposos o hijos. (¡Y es a nosotros a quienes llaman gusanos, oigan!)

No desdeñen ese «videíto», decía, porque se estarían perdiendo la materia con que engordamos animalito que también debe vivir con nosotros. Bautícenlo como quieran. Odio no es un mal nombre.

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