La que sabe es una señora, como casi siempre. Quienes conservan y multiplican su legado, más bien, pero suya es la técnica y suya será la inspiración.
Madame Tussauds es la señora. En el museo que lleva su nombre, en Londres [1], Muammar el Gadafi y Fidel Castro están uno junto al otro. A unos palmos de distancia y sentado de espaldas espera Robert Mugabe. ¡Qué trío, nene!
Hoy imaginé un magnífico museo allá en La Habana, o en El Cacahual si eso gusta más al inversionista. Expuestos todos allí: Gadafi y Castro I; Mugabe y Lukashenko; Mubarak y Ben Alí…
¡Y no como figuras de cera, como en el museo de Madame Tussauds! ¡No, no! ¡Vivos, zombiescos y discurseantes!
¡Qué espectáculo, oigan! La Cuba que ya es parque temático de la utopía convertida de repente en zoológico de dictadores. Con eso y el embargo levantado, las colas serán kilométricas. ¡Otra vez de cabeza al monocultivo, señores! ¡Otra vez a llenarnos los bolsillos con producto único en el cual nos sobra experiencia: las dictaduras! Un buen museo de dictadores vivos: ¡imagínenselo!
Piensen en las ventajas que ello traería a la isla de Cuba…, asunto en el que no puedo abundar ahora: voy corriendo al teléfono a llamar a ideal inversionista: Silvio Berlusconi, esa figura ya sí de pulida cera.
