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El desprecio distinto que merece John Galliano…

No son las palabras gangosas e imbéciles de John Galliano las que me han desasosegado. Galliano es un genio en lo suyo, un genio de veras, y un imbécil en cuanto se emborracha en un bar y se pone a manosear su ego mojado en ginebra. Un imbécil al que le gustan Hitler y las cámaras de gas. No es un negacionista ni juega a eso, ¡ojo!: es un tipo que sabe lo que fue la industria de la muerte y confiesa que le complace.

http://www.youtube.com/watch?v=iLTyGPOnxEs [1]

No, insisto, no es eso lo que me desasosiega. También los genios son ciudadanos imbéciles.

Lo han hecho estas palabras de Judith Thurman [2], de The New Yorker, en defensa del de Christian Dior:

“Galliano seems to have disgraced himself (and perhaps ended his career) by delivering a drunken, anti-Semitic rant to several fellow patrons at a Paris restaurant . . . But Chanel liked Nazis, too.”

El peso de esa bofetada en toda regla: “But Chanel liked Nazis, too”.

¿Acaso nos importa la connivencia de Coco Chanel con los nazis [3] en su papel de colaboradora horizontal a años vista del Holocausto? Pues, no. ¿Acaso percibimos fragancia totalitaria en los correctos frascos de sus perfumes? Claro que no. ¿Alguna vez nos ha pasado por la mente que las afiladas tijeras con que practicaba suturas Josef Mengele tienen el mismo número de hojas y ojos que las utilizadas en los talleres que sirven Haute Couture o prêt-à-porter? Naturalmente, no…

Luego, ay, incluso a mí me parece que el ciudadano John Galliano merece desprecio distinto. Como nosotros…

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