Al teléfono:
—Se va toda la familia de Orlando Zapata Tamayo, ¿viste?
—Casi toda, sí… [2]
—Del carajo… «¡Zapata vive!», que todavía decimos dos o tres…
—…
—Esas visas afean la novela de su vida de mala manera.
—Bueno, el muchacho ya murió, ¿no? Si da para busto, siempre habrá cómo arreglarle el carné de mártir. De eso se ocupará el mañana…
—¡Ese es el problema! Los mártires se construyen desde el mañana de su martirio y esto de cerrar el de Zapata con un puñado de visas… Las mismas que lo colocarán ahora en la larga nómina de presuntos disidentes que apenas lo son para conseguir una de esas mismas visas para sí y el familión…
—Bueno, nadie ha dicho que se cierre… Como quiera que sea, lo cierto es que él no se va con visa, sino en cenizas…
—¡Peor!
—Para él, sin dudas…
—Albañil, disidente y mártir con mater dolorosa de las buenas… El tipo lo tenía todo pa’ novelarlo.
—Pero los demás personajes quieren vivir sus propias vidas. ¿De qué les sirve a ellos la novela que podría servir a otros?
—¡Vaya vidas!
—Fuera de allá, vidas como sepan vivirlas… Como la tuya o la mía, ¿no?
—¡Qué desperdicio de mártir, viejo!
—Ni que nos hicieran falta mártires…
Un UPDATE insoslayable:
Oscar Elías Biscet, dicen desde La Habana, “aceptó ser liberado y no viajará a España”. Luego, parece ser -todo es aún confuso-, permanecerá en Cuba.
Se trata de una noticia de relevancia mayúscula [4], dicho sin menoscabo de las otras liberaciones. La figura del Dr. Biscet ha ganado, y generado, una admiración y unas expectativas notables en el exilio cubano.
Su puesta en libertad es, tal vez, uno de los acontecimientos más importantes de los últimos meses, en cuando a la oposición cubana respecta.
Felicitémonos, y ojalá nos felicitemos más.
