Hoy ha muerto en París Jorge Camacho [1].
La pintura cubana le debe, al menos, su surrealista más perdurable. La literatura cubana le debe, al menos, su tesón por salvar del encierro y dar a conocer la obra de Reinaldo Arenas. El exilio cubano le debe, al menos, la iniciativa Un plebiscito a Fidel Castro.
Un día de hace una década tuve la ocasión de viajar a París con el solo propósito de visitarlo y de aquel encuentro le debo, además, la memoria de la agudeza y la sensatez de su conversación y la certeza, nada común, de haber estado ante un hombre, y un cubano, extraordinario.
Hoy quiero recordar lo que se le debe a Jorge Camacho viéndolo pintar. Gracias a Ricardo Vega [2] por permitirnos esa suerte.