- El Tono de la Voz - https://www.eltonodelavoz.com -

(Los chivatones) Esperando a Mata Hari

La serie Las razones de Cuba [1] sigue negándonos un buen capítulo. Un buen «infiltrado».

Ya vimos al protohumano de Carlos Serpa, al surfista pendejo, al masón descatalogado y, anoche, al escritor «líder» [2]. (Como me dijo hoy alguien que alguna vez lo trató, y dicho sea con perdón de las señoras: «¿Líder de qué pinga de qué?»)

Le falta algo a esos chivatos. Les falta clase, por decirlo rápido. Y empaque, agudeza, garbo. Les falta tijeretear un cigarrillo, manejar la ironía, hacer un guiño a las cámaras.

Todavía no hemos visto a uno que sepa hilvanar unas cuantas frases con elegancia. ¿Infiltrados…? ¡Chivatos de la peor estofa!

Dicho lo cual, la pregunta que me quita el sosiego es otra. Si esa es la materia de la que están hechos esos infiltrados, si tamaña es su insignificancia en términos intelectuales —y un espía es la expresión máxima de un intelectual—, ¿cómo no serán de bobos quienes los reclutan y cómo de bobos no imaginarán a los indígenas cubanos?

Lo dicho, hasta que los de Las razones de Cuba no me saquen a una trigueñona que cite a Madame de Sévigné —o a Le Carré, al menos— o nos muestren a un bon vivant infiltrado que dedique algún momento de su testimonio a evocar los buenos caldos degustados en la residencia del embajador de Francia, mientras espiaba por los rincones de esa casona preciosa, me niego a seguir viendo serie tan desastrada.

¡Qué se aburran ellos con chivatos tan mal encabados!

Yo, para sentarme ante el televisor a ver una de espías, requiero de buenos infiltrados, buenos reclutadores y mejor paisaje a descubrir.

[3] [4] [5] [6]