Hoy ha muerto en Miami Nicolás Quintana, arquitecto y hombre extraordinario.
Con Quintana, como antes con Guillermo Cabrera Infante, se va alguien que dedicó su vida a imaginar La Habana en la distancia. Un hombre que no volvió a pisar esa ciudad que dibujó desde lejos, historiándola a la vez que figurándola en su mente y la mesa de dibujo. Quien pensó no en una ciudad fosilizada, mera rea de la nostalgia, sino en La Habana moderna, un paisaje narrado desde una concepción moderna del urbanismo. La Habana que pudo ser y ojalá sea. Havana and its Landscapes [1] es apenas uno de los proyectos que nos lega.
Leer la noticia de su muerte hace apenas unos instantes me produjo una gran desazón.
A modo de homenaje, inserto aquí la que fue una de sus últimas intervenciones públicas. Una conferencia extensa y hermosa, como lo fueron su vida y su obra. Un ensayo de “historia de La Habana” y un repaso de su propia obra y la historia del arte moderno cubano, trufado de anécdotas deliciosas y fundamentales, que todo aquel que ame a esa ciudad hecha a la escala del hombre y a ese país que tanto ha maltratado a muchos de sus mejores hijos debería escuchar. (Hay un momento a partir de 01:16:00 que, si de política y castrismo se trata, les recomiendo. Es apreciable testimonio del porqué de la pérdida.)
No le ahorren tiempo a quien tanto tiempo suyo nos dio y, luego, tanto tiempo de todos merece. Yo acabo de dárselo, el mío, y les aseguro que incluso para quien escuchaba esa conferencia por segunda vez el regalo fue mayúsculo.
En paz descanse, Nicolás Quintana.