Este verano habría que colgar aquel mapa de Anaximandro [1] en cada casa. ¡Y en todas las redacciones de los periódicos!
Uno donde Italia y Grecia son saetas que indican hacia donde se descuelga Europa: Libia; siendo Grecia península algo más abofada, y notablemente más coproforme que la (todavía) estilizada Italia. Y donde Asia —China, Rusia y la India—, empuja los márgenes de dos ríos —egipcio uno, ¡egipcio!; georgiano el otro, ¡georgiano!— que acabarán por ceder ante el empuje del BRIColage descrito por Goldman Sachs [3].
¿Qué profecías mayas, qué Nostradamus ni qué ocho cuartos? El viejo Anaximandro de Mileto, tan lejos como ca. 530 A.C., ya nos dibujó, grafista impecable, lo que nos habría de entretener en el verano de 2011.
Eso sí, no supo que habría una América, que es lo que tienen los presocráticos, socráticos y unos cuantos más hasta que Juan de la Cosa dibujó la cosa [4].
Otra, también, cosa es que América nos sirva o nos quiera servir de mucho a estas honduras.
