En algún momento de los años sesenta, Nitza Villapol, célebre cocinera cubana y divulgadora de temas gastronómicos durante décadas, se hizo una pregunta que anotó con lápiz y regular caligrafía al margen de su ejemplar de Geopolítica del hambre, de Josué de Castro [1].
«¿Por qué los países socialistas tienen obesidad?», se preguntó.
No se trata de una pregunta baladí. Menos viniendo de mujer de tamaña inteligencia y sensibilidad como la que distinguió a Nitza Villapol. Mucho menos cuando se la sitúa en los años en que fue escrita. Los años que atravesaba Cuba subida a la procelosa nave del «socialismo mundial».
De hecho, me parece que a los bordes de esa pregunta, subiendo por arduos caminos intertextuales, se asoma todo el insondable enigma del hambre bajo el socialismo y la abofada circunstancia de su sublimación, también en términos de silueta.
La imagen es cortesía de Teresa Cruz.
