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José Raúl Capablanca, actor de cine de vanguardia

En ocasión del Torneo Internacional de Ajedrez celebrado en Moscú en 1925, Vsevolod Pudovkin [1] rodó La fiebre del ajedrez (Шахматная горячка, 1925), un cortometraje en el que interviene actor muy singular: José Raúl Capablanca.

Al campeón cubano parece divertirlo su presencia en esta tragicomedia que ayudará a resolver haciendo alardes de seductor.

Hasta donde conozco, se trata de la única película en la que José Raúl Capablanca haya actuado. Con toda seguridad se trata también de la única colaboración de un cubano en el cine de vanguardia ruso.

(Más abajo, les he traducido los intertítulos que aparecen a lo largo del corto.
)

http://www.youtube.com/watch?v=jiu1xAb8USA [2]

Intertítulos:

(En la nota): No te olvides de la cita con Vérochka en el Registro civil
—Recuerda, querida, que no hay nada más peligroso para la vida familiar que el ajedrez
No te pierdas esto, ajedrecista
(El limosnero, sobre el pecho): Una limosna para este ciego
—Usted es la única persona a quien he amado
—Pero a usted solo le interesa el ajedrez
—Todo ha terminado entre nosotros
—Acabaré con mi vida
—Y yo me rindo. ¡Voy a arrojarme al río!
—Me han destrozado la vida, abuelo
—Toma esta fuete de paz y consuelo, hija mía
(Título del libro): «El ocio del sabio». Recopilación de los más antiguos ejercicios de ajedrez
Un regalo que llega con retraso
(En la tarta): ¡Feliz matrimonio!
—¡Qué gambito de reina acaba de hacer Kolia! ¡Me ha dejado pasmada!
Mi vida no tiene sentido
(El rótulo): Farmacia
—Quiero lo más grande y ponzoñoso que tengan
¿Acaso EL AMOR puede ser más fuerte que el ajedrez?
¿Acaso EL AMOR puede ser más fuerte que el ajedrez?
Iré a buscar a mi novia.
(A Capablanca): —Déjeme. ¡Precisamente por culpa del ajedrez odio al mundo entero!
(Capablanca): —Comprendo muy bien ese sentimiento. También yo odio el ajedrez cuando me veo en presencia de una mujer tan hermosa.
(A Capablanca): —¡Por fin me encuentro a un hombre enemigo del ajedrez!
(A Capablanca): —Cuénteme cómo es que ha conseguido escapar de la fiebre del ajedrez.
—Entraré a echar una última ojeada y entonces diré adiós al ajedrez.
En el torneo
—¡Abran paso! ¡Abran paso!
Y ahora ve de repente el efecto que tuvieron los relatos del Campeón
—¡Oh, amado! ¡Amado! No sabía que este juego podía ser algo tan fantástico
—¿Jugamos una partida con apertura siciliana, amor mío?
¡Y ahí dio comienzo la felicidad de la vida en matrimonio!

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