A una semana del décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, dos fotografías tomadas aquel día que están entre las que prefiero.
La primera, de Thomas Hoepker para la agencia Magnum, fue súbito click en Williamsburg «secuestrado» por el fotógrafo, temeroso del debate que podía generar esa imagen bucólica con la tragedia de fondo. No fue hasta el quinto aniversario del 9/11 que Hoepker se decidió a publicarla. Y aun a lustro de distancia del episodio que dio comienzo al siglo, provocó encendido debate [1].
Debate en el que me posiciono del lado de sus valedores, porque creo que es la más neoyorquina de las escenas recogidas aquel día por una cámara fotográfica. Don DeLillo y LaChapelle son algunos de los mimbres que tejieron ese cuadro.
La segunda, esta espléndida fotografía de Susan Ogrocki para Reuters. Es el desastre medido en hojas de Excel. La estupefacción de los mercados y la tenacidad de los contables. Rabiosamente neoyorquina también. Es el paisaje después de la batalla, donde un atónito superviviente sabe que debe proseguir su propia lucha, que es otra. Un samurai envuelto en cenizas.
Ambas, y otras, en Iconic Photos [4].

