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Michele Bachmann ve la luz en el Versailles, Miami

Tocando el final del debate de anoche entre los candidatos del GOP asomaron, asomamos, los cubanos. Y no por la cuestión del embargo. Tampoco por la dictadura comunista de La Habana y la posición que EE.UU. debería jugar para ayudar a desmontarla.

Asomaron, asomamos, los cubanos, porque la inefable Michele Bachmann defendía la eliminación de subsidios a los inmigrantes y se sirvió de palanca que había encontrado en reciente viaje a Miami. Allí tuvo ocasión de visitar el museo de la Brigada 2506 —que conozco y me felicito de haber visitado— y tomarse un cafecito en el Versailles —que me felicito de visitar con mucha más frecuencia que el museo. Y vio la luz: hispanos que la animaban a cerrar filas contra toda «blandenguería» con los inmigrantes. Duro con ellos y con sus hijos, la animaron. Y ella, claro, vio servida en bandeja la excusa: si hasta los hispanos abogan por ser duros con los hispanos, ¿por qué no pedir leña?

Véase a Bachmann, veámonos a nosotros (en 1:06:15 —llévese el cursor hasta ese punto para que corra el video):

http://www.youtube.com/watch?v=9xFsaeBLJns [1]

Naturalmente, no ignoro que la cuestión de la inmigración ilegal es un problema que debe enfocarse con pragmatismo y sin demagogias. Pero creo, sé, que también con generosidad.

Que los cubanos, nosotros sí beneficiarios en los EE.UU. de una ley de ajuste hecha a medida y que nos libera, por suerte, de las penurias que enfrentan otros millones de inmigrantes, aparezcamos como valedores del discurso de cero subsidios a las familias de inmigrantes ilegales llegadas de otros países me parece mal. ¡Qué digo «mal»? Me produce vergüenza.

Pero los cubanos, ya lo sabemos, siempre podemos extender los límites del extremismo basado en odio prestado. ¡Cómo si nos faltaran pruebas!

h/t: Ariana Hernández Reguant @ Facebook [2]

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