Volviendo de prisa al hotel para tomar el camino de vuelta a Barcelona, me encontré de repente este deslumbrante homenaje a Joseph Brodsky [1] en Sadovoye Koltsó casi tocando a Novii Arbat.
También eso es Moscú. Una ciudad que mima a sus poetas. Y en este caso, en el Moscú poscomunista, a un poeta exiliado en los años de la vulgaridad comunista, a mi modelo del poeta exiliado [3].
