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Cosas enanas o asuntos enanos, según prefieran

Ayer nos pasamos el día en los Everglades. Entramos por el acceso al parque que hay cerca de Florida City ―no tiene pérdida: hay un gráfico cartel que pone «Se venden gallinas» a apenas tres minutos del Visitors Centre― y avanzamos las 38 millas hasta el último punto, Flamingo. Vimos algunos cachorros de cocodrilo tomando el fresco sobre los mangles. Y tantas aves que Linneo habría dado la vuelta.

Llegué a casa ya entrada la noche y encendí el televisor sin ser consciente de que me exponía a mi primer encuentro con noticias cubanas en las últimas dos semanas, más o menos. Los Everglades no me habían preparado para ello. No hay pantano que sirva de antesala a ese otro pantano.

¡Y qué encuentro, nenes! Toda la pantalla ocupada por la jeta de la enana, ¿o es un enano?, de La Colmenita, esa superstición cubana. Retirado el enano, ¿o es una enana?, apareció el presentador. El programa se llama Los imposibles o Los inmisericordes o algo así. Bien podría ser Los imbéciles, pero se me ocurre precisamente imposible que el presentador se mostrara tan inmisericorde consigo mismo.

Trastornado por la visión de la jeta de la enana, ¿o es un enano?, de La Colmenita me costó seguir el argumento del tipo. Entendí, eso sí, que los de la compañía de marras viajan a Washington a presentar un espectáculo sobre los cinco espías.

El tipo se mostraba desconsolado por que se utilice a niños en esos menesteres propagandísticos, lloriqueaba como si en ello le fuera la vida y para darme el tiro de gracia va y me repite a pantalla completa el careto del enano, ¿o es una enana?, de La Colmenita.

Viendo el programa esperpéntico no pude evitar recordar a tanta gente en estas deliciosas latitudes que me asegura que es aquí donde se está de veras al tanto de lo que ocurre en Cuba. «Allá en Europa ustedes están muy lejos», me suelen decir. «Y lo intelectualizan todo», me acusan. La concreta estaría en Miami, pues.

Harto ya de discutir ese argumento, procederé inmediatamente a imprimir una foto tamaño carné de la enana, ¿o es un enano?, de La Colmenita. Y cada vez que me lo suelten en lo adelante les mostraré el maquillado rostro de ese enano ―¿o es una enana?

No lo haré con ánimo ventajista, sino más bien para que ambos veamos de repente cuán grotesca es esa realidad de la que ni unos ni otros sabemos más de lo que esa isla nos insinúa.

Noticias enanas o sustos enanos, monstruosos los dos.

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