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Laura Pollán, in Memoriam

En ocasión de la tristísima muerte de Laura Pollán [1], fundadora de las Damas de Blanco, reproduzco un post escrito hace anyos a propósito de la represión a la que el castrismo sometió y somete a esas mujeres, las más valientes.

En la historia de la oposición al régimen castrista las Damas de Blanco significaron una verdadera revolución contra la revolución. Todos los demócratas cubanos, y todos los cubanos reconózcanse demócratas o no, le deben a esas mujeres, y a Laura Pollán significativamente, el testimonio del coraje y la fuerza del amor y la razón.

Fotografía con las Damas de Blanco y público…

Hay que sustraerse a la tentación de quedarse con la imagen de esa mujer que ocupa el primer plano, por «atractiva», por imantadora que resulte.

Su payasada usainboltesque, la V que dibujan sus dedos, la piedra que parece lanzar, los pendientes a juego con la blusa, la lengua blancuzca, anémica, que se proyecta desde el lecho de esa boca oscura, una lengua que no parece pertenecerle… En efecto, no le pertenece.

Una castrista que muestra al histrión que hay detrás de cada cubano. Parafraseando a Raudelis Lima: «Son así, así, así; así son, son…» los castristas de Cuba.

Hay aun un tercer plano que esconde un cuarto. Muchachote que ríe las gracias de la acosadora y los dedos índice y meñique de una mujer invisible que, oculta por el jovial agente en prácticas, dibujan unos cuernos sobre la cabeza de una opositora.

Son tres planos de este siniestro paisaje de un acto de repudio.

Pero en esta fotografía aparecen también sus protagonistas. Las únicas protagonistas. Y a veces me da la impresión que olvidamos quiénes son estas mujeres. Que cedemos a la estrategia del régimen de La Habana cuando pretende situarlas en el centro de debates que buscan silenciarlas, ensombrecerlas, mancillarlas.

Las Damas de Blanco son familiares de víctimas de la dictadura cubana. Familiares de hombres que padecen el presidio político cubano. Si salen a la calle es porque los suyos ―sus maridos, sus hijos, sus hermanos― están entre barrotes. Y si se atreven a desafiar a estas turbas que las zarandean y ofenden en tanto mujeres es porque han perdido el miedo, pero no la entereza.

Todos esos presos, sus presos, han entrado en la historia de la resistencia de los cubanos al totalitarismo. Estas mujeres, como de rebote, hacen historia a diario.

Por eso prefiero ver en esta foto sus rostros y sólo sus rostros.

Esa extraordinaria mezcla de dignidad, paciencia, dolor y conmiseración.

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