Adoro las coincidencias fortuitas, porque iluminan el presente y alumbran el futuro como solo pueden hacerlo los fuegos artificiales vistos a hurtadillas desde una playa, aun si se trata de una (mal) asfaltada y en ocasiones inundada [1].
En apenas unas horas, la congresista pericubana Ileana Ros-Lehtinen intercede por los vecinos de los Cayos de la Florida [2], Monroe County (aquel Monroe, el de la célebre doctrina [3], sí), amenazados con quedar exentos de los beneficios de un seguro estatal contra inundaciones, zarpan desde Key West, el más célebre de los cayos de marras, hacia las inmediaciones (es un decir) de las costas de Cuba los barcos de una flotilla que lanzará fuegos artificiales en apoyo a la disidencia interna [4] en la isla de Cuba y Raúl Castro sostiene, desde otra isla del Caribe, que el próximo presidente de Cuba deberá hablar inglés [5], sabedor del futuro que inundará esa isla.
Hace tanto y tan poco como una veintena de años el gran Antonio Benítez Rojo dio a las prensas un libro fundamental [6]: La isla que se repite. El Caribe y la condición postmoderna. Me da que si aún viviera, el maestro de Tute de reyes, que con malecón comienza [7], estaría sonriendo, su Volvo encangrejado en una calle de Amherst ante algún semáforo en súbito verde, admirando tal despliegue de caribeñas circunstancias. Como también, imagino, sonreirá Iván de la Nuez, otro perito en la vaivenesca materia de las inundaciones [8].