Hoy los periódicos se llenan con la noticia [1] de la inminencia del hallazgo del bosón de Higgs.
La física coqueteando con dar respuesta tramposa, pero ( o por) empírica, a interrogante paradigmática de la metafísica, la pregunta por la nada. Heidegger la formuló con célebre incógnita que buscaba las cosquillas a siglos de indagación filosófica: ¿Por qué es en general el ser y no más bien la nada?
Ahora el rostro de la nada estaría ya acorralado por el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN [2], gritan por ahí [3].
Tal vez deberíamos recurrir más a menudo a otras ciencias que las reputadas como pertinentes para despejar incógnitas que se nos resisten.
Así, por ejemplo, quienes se preguntan el porqué de la extenuante duración del régimen castrista deberían desechar la sociología o la política y buscar otros apoyos, como este que la física viene estos días a prestar a la metafísica.
Puede que les sirva más la etología que la sociología. O la, digamos, lítica en lugar de la política.
Por la lisis, digo. Por el comportamiento ante la lisis [4].