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Pronóstico y deseos para Cuba en 2012 / Dos recomendaciones

Hoy hay dos tazas.
Una, donde sirvo las respuestas que di a dos preguntas que me remitió el portal Cubaencuentro y aparecen publicadas hoy allí [1].
Dos, donde por invitación de Diario de Cuba recomiendo dos libros leídos a lo largo de este año, sugerencias que también aparecen publicadas hoy allí [2].

Uno:

Respuestas a Cubaencuentro [2]
Jorge Ferrer

¿Cómo auguras que será el año 2012 para Cuba?

“Será, con toda certeza, otro año marcado por los ritmos de Raúl Castro, la extenuante velocidad que anunció al asumir formalmente la presidencia en febrero de 2008 y llamó con calculado encabalgamiento de adverbios: ‘poco a poco’. Si recuperaran la fraseología ‘revolucionaria’ de los 60 o los 70, este año podría llamarse, por ejemplo, ‘Año de la verificación’.

Porque comienza un año en el que comprobar que el diseño gatopardista tira y se estira bien. Estudiosos de las transiciones habidas y peritos en materia de modelos autoritarios de relativo o notable éxito, los jerarcas de La Habana tienen por delante un año que vivirán como doctores en laboratorio. Y no serán ellos los ratones. Al menos, no serán los únicos.

Cuba muta ‘poco a poco’ y en 2012 veremos otras ‘actualizaciones’ del modelo. Mutan su paisaje urbano y la jerga que emplean los transeúntes: el idiolecto totalitario también se adecua a esas mutaciones. Será año en el que arañar con la uña, otra vez, el fondo del barril al que arrojan allá palabras como ‘cuentapropista’ o ‘impuestos’, ‘cooperativa’ o ‘crédito’, ‘emigración’ o ‘nación’. La conferencia del PCC a finales de enero y la visita de Benedicto XVI poco más adelante serán dos momentos importantes para conocer ‘la letra del año’. Si el nombre de Alan Gross protagonizara los eventos colaterales a alguno de esos acontecimientos se podría abrir un panorama inédito en las relaciones con Estados Unidos.

Minuciosamente calculados ‘los cambios’, igualmente minuciosa será la presión sobre la oposición. Vaciadas de presos de conciencia las cárceles, con algunas excepciones, la represión de baja o mediana intensidad crecerá exponencialmente. Garantizar la desconexión entre la sociedad y la oposición será otra vez el objetivo primero de las bien aceitadas herramientas de represión.

Otros dos elementos podrán adquirir centralidad que atente contra el ‘poco a poco’. Por una parte, que el que comienza será también el año de la puesta en marcha a mediana escala de la conexión a Internet por medio del cable tendido desde Venezuela. Limitaciones y filtros aparte, los cubanos han demostrado ser mucho más hábiles burlando al sistema que confrontándolo. El ancho de banda podrá hacer que toque otra banda, la de un flujo más intenso de comunicación entre ciudadanos con intereses y urgencias comunes. Por otra parte, el que viene será otro año marcado por la biología. No puede ser de otra manera en país regido por viejos. Muy viejos. La muerte o la inhabilitación de algún otro jerarca podrán ser noticia —o notición— en La Habana. Grandes noticias que remuevan los suelos con fuerza que imprima aceleración —acaso demoledora— a la dinámica del ‘poco a poco’”.

¿Cuáles son tus deseos para la Cuba de 2012?

“Muy básicos y arrastrados desde hace mucho como nos sucede a muchos demócratas cubanos. A saber, asistir al final de la dictadura y ver cómo los cubanos adquieren por fin el poder para dotarse de instituciones que los representen porque estén integradas por sectores amplios y distintos de la nación.

En términos acaso más proclives a verse realizados, cabe desear que sea un año en el que aumente el poder de quienes podrían forzar al Gobierno a acelerar la implementación de reformas económicas profundas capaces de conducir a reformas de los mecanismos de participación política. También que los nuevos actores cobren conciencia cuanto antes de ese poder y de su valor como herramienta de cambio. Al perder su condición de único patrón, el Estado cubano se enfrentará a una realidad nueva, la de largos centenares de miles de ciudadanos que consiguen elevadas cotas de independencia en su vida personal y económica al convertirse en trabajadores por cuenta propia. Estos —y sus familiares y sus asalariados— se irán constituyendo en una masa social dotada de un importante poder de cambio. Otros amplios sectores de la población se verán desprovistos de subsidios y asistirán impotentes a transformaciones del modelo económico que los empobrecerán aún más sobre el fondo de un paisaje de desigualdades crecientes y cada vez más manifiestas. La maduración de ese cocktail social generará presiones a dos bandas sobre las más variadas instituciones del Estado cubano.

Cabe saber leerlas y aprovecharlas. Luego, cabe desear que la oposición al régimen de La Habana consiga ofrecer discursos que describan con precisión el mudable paisaje socioeconómico de Cuba y ofrezcan alternativas capaces de granjearse las simpatías, y el respeto, de amplios grupos de cubanos, en especial los nuevos actores sociales”.

 

 

Dos:

Recomendaciones de libros para Diario de Cuba [1]

Jorge Ferrer

The Havana Habit (Yale University Press, 2010) de Gustavo Pérez Firmat y Cuban Fiestas (Yale University Press, 2010) de Roberto González Echevarría

Esa fiesta con muchos rostros que es la Cuba que leemos y escribimos, la Cuba hecha de letras. Bembé y paisaje hecho de ruinas; de memoria y promesa. Dos libros me la han servido este año en sendos banquetes: Cuban Fiestas, de Roberto González Echevarría, y The Havana Habit, de Gustavo Pérez Firmat. Libros bien distintos, pero animados ambos por una voluntad de reunirnos con la Cuba que asoma en la novela, la melodía, la tarjeta postal, el cartel: hitos de nuestro tránsito del areíto al cabaré.

La historia de amor y deseo entre Cuba y los Estados Unidos, los Estados Unidos y Cuba, transcurre por muchas vías y ha sido protagonizada por actores disímiles. Toda suerte de informes dan fe de ese perdurable noviazgo que jamás ha llegado a ser matrimonio —ni siquiera uno mal avenido—, porque los novios, por no mirarse de frente, se ofrecen hosco perfil. Ese es el camino de la política. El más angosto.

Gustavo Pérez Firmat ha tomado avenida distinta en The Havana Habit. Una que conduce por los caminos de la cultura popular y desgrana la “construcción” de una siempre voluble idea de La Habana en la música, las crónicas de viajes, el cine o la televisión norteamericanas. No hay otro autor cubano-americano que se haya adentrado con mayor astucia —¡y acierto!— en la espesa y deliciosa trama de ese encuentro siempre postergado en lo político, pero también siempre fecundo en el terreno de la cultura popular y el imaginario común. Tampoco lo hay que ilumine con mayor abundancia el permanente passage de símbolos y tokens que se han repartido Cuba y los Estados Unidos.

Otro es el acercamiento de Roberto González Echevarría en Cuban Fiestas. Asomarse a la Cuba que es tableau vivant de una fiesta perpetua; escuchar el sonido de los tambores y los pies aporreando el suelo o deslizándose al ritmo de un danzón; seguir un paso de conga con barracón a la vista y Día de Reyes a la vuelta de la esquina; rastrear la impronta de la fiesta, la significación lúdica, dramática e identitaria de las fiestas cubanas, en la literatura de la Isla —los costumbristas, Villaverde o Lezama—, o en su cine y, también, en su pasión por el juego de la pelota. Y glosar, por fin, la fiesta totalitaria, mientras se imagina la postotalitaria: el “Siento un bombo, mamita, me está llamando” que late a la espera de la muerte de Fidel Castro…

Dos libros redondos. Que a nadie se le ocurra pasarlos por alto.

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