Me marcho al sur de España un par de días.
A gozar del cariño que encuentro siempre allá y esta vez también, gracias a muy feliz carambola, a tomar notas sobre la infancia y la adolescencia de mi madre. Ay, esos misterios de novela victoriana y a la vez criolla.
Ocupado que andaré gestionando afectos, es poco probable que actualice este blog hasta que vuelva a mi mesa en Barcelona el lunes, aunque tal vez lo haga. Desde el hotel me ha dicho ahora mismo una recepcionista con voz de oliva que disponen de estupenda conexión a internet, pero cuando se viaja al sur de Andalucía uno sabe que las promesas son elásticas como sueños -las que uno se hace y las que te hacen.
¡Pero cómo de bien se duerme allá abajo!
(La fotografía es de Luis José Sánchez [2] y la tomó en la playa de Torremolinos.)
