La cadena de televisión Al-Jazeera vio expulsada hace unos días a su corresponsal [1] en Pekín, Melissa Chan [2], y el consiguiente cierre de la corresponsalía en China.
Una lástima, porque el trabajo que hacía Al-Jazeera [3] en ese país era formidable. En general, Al-Jazeera se ha convertido en una fuente de información que nadie que busque ver este mundo en toda su complejidad puede pasar por alto. Quien lo haga, por prejuicios o pereza intelectual, se estará perdiendo mucho.
Este es el documental que colmó la paciencia del gobierno chino, el mismo que nos está enseñando que el poscapitalismo y el poscomunismo se pueden articular en un terrible artefacto que ya no tenemos Deleuze & Guattari [4] que nos expliquen.