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No (Mariela) Castro, no problem

Voy siguiendo la intervención de Mariela Castro en la reunión de LASA en San Francisco. Ted Henken la va comentando e ilustrando en Twitter [1] y también Ariana Hernández-Reguant subió alguna fotografía a EthnoCuba [2], el interesante espacio que coordina en Facebook.

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Antes, ETDLV se ha hecho eco de otras reuniones de LASA (consúltense los archivos en la columna de la derecha), pero esta vez he decidido no entretenerme con esta materia. Que una Castro haya sido invitada a participar en uno de los paneles me parece asunto tan obsceno que no vale la pena ensuciar las teclas. (Es posible que lo haga más tarde, en unos días, y ojalá sea para anunciar alguna buena noticia acerca del capítulo Cuba de LASA.)

Otra es la cuestión que me interesa de Mariela Castro, hasta donde pueda interesarme esa criatura. A saber, el hecho de que el Departamento de Estado le haya concedido un visado para visitar los EE.UU., a sabiendas de que allá se explayará, ya lo está haciendo, sobre la «humanidad de la revolución», la condición de «mafiosos» que endilga a representantes electos con los votos de muchos norteamericanos, la negación de todo futuro para Cuba que no pase por la perpetuación de la herencia de la estirpe a la que pertenece, la retahíla de vilipendios a los opositores cubanos y a los exiliados en general, es decir, a las víctimas de su padre y su tío.

Que la hija del dictador Raúl Castro y sobrina de Fidel Castro, quien jamás ha pedido perdón a los cubanos por los desmanes de su estirpe sea bienvenida en los EE.UU. me parece un despropósito mayúsculo de la Administración de Barack Obama. Despropósito que tiene su origen en LASA, quien aceptó incluirla en el panel cuya exposición concluye en este mismo instante, la misma LASA que ha vetado en tantas ocasiones paneles de discusión que defendían visiones críticas sobre el régimen cubano y que no rechistó cuando Yoani Sánchez fue impedida de viajar por el gobierno de Cuba a la pasada convocatoria.

Mucho se habla de la necesidad de establecer canales de diálogo entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba como herramienta que favorezca la democratización de la isla. Yo participo de esa posición, porque creo que una mayor presencia de los Estados Unidos en Cuba siempre es deseable, pero si esa estrategia pasa por tenderle alfombra roja a un Castro, o una, se nos está sometiendo a una humillación que, entiendo, no merecemos.

La fotografía es de Ted Henken via Twitter

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