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Fidel Castro y las virtudes de la morronga

Fidel Castro no será capaz de regalarnos en su sobrevida el gusto de verlo entre rejas o fusilado, o una cosa y la otra en feliz sucesión continua.

Pero, ay, la naturaleza nos regala, antes del anhelado “hecho biológico”, la gracia de verlo chochear a mansalva. De verlo convertido en oximorónico payaso hijo de puta.

Hoy nos regaló esta deliciosa “reflexión”:

La alimentación y el empleo sano

Están las condiciones creadas para que el país comience a producir masivamente Moringa Oleífera y Morera, que son además fuentes inagotables de carne, huevo y leche, fibras de Seda que se hilan artesanalmente y son capaces de suministrar trabajo a la sombra y bien remunerado, con independencia de edad o sexo.

¡Ay, mamá! Carne, huevo y leche promete el señor del hambre. Y fibras de seda, casalianamente [1]. Seda que, oigan, ¿no producen los gusanos en la bendita Hialeah?

Fatigando la wikipedia [2] ha descubierto este cabrón redentor arbolito de Asia que vendría a redimir a los cubanos de la miseria compartida en la que los sumió el castrismo por medio siglo y pico. Moringa o morronga. Mono vestido de seda. Fuentes inagotables. Carne, huevos, leche, balbucea en Punto Cero.

Divierte, ya sé. Entusiasma ver la decrepitud del déspota. Nos reímos. El jajaja de los perdedores que somos.

Porque este viejo mascatrancas acabará muriendo en su cama, rodeado de los suyos, mientras los cubanos nos perdemos por medio mundo o vivimos, viven, en esa pobre isla.

¡Pena me da el cubano que por pudor o cobardía se ahorre o esconda el deseo vivo de ver a Fidel Castro atravesado por una bala que no sepa ni a carne ni a huevos ni a leche! Una bala con sabor a pólvora que nos redima, cuanto pueda, de haber soportado ESTO y haberlo soportado TANTO.

Pero de esa bala sabremos tanto como de la carne, la leche y los huevos que promete el arbolito de Oriente descubierto por el dictador senil. En la India, donde crece, se venera a Kundalini, diosa que se enrosca para morderse la cola. Ese es nuestro sino, el de un majá sin patas ni ganas. Un jubo que no le gana a la jutía ni a abrazos.

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