La noticia de la muerte de Bebo Valdés [1] me asalta no más sentarme ante la pantalla en este gélido amanecer de Moscú.

Y enseguida play al Maestro. Y música a correr por sobre ese hielo que cubre el río ahí al fondo de Spotify.
Gracias, Bebo. Nos hiciste más felices y más cubanos y eso, ay, es privilegio que solo comparte contigo la cerveza Hatuey, y poco más.