La jueza Joan A. Lenard devuelve a uno de los espías de la Red Avispa a Cuba [1]. René de nombre. Y González.
Un movimiento cuya significación política me importa menos ahora que la estilística.
Sin ese René González la retórica de los “Cinco Héroes” experimenta una divertida Kehre [2], aparte de convertirse en un reto para los diseñadores de la cartelería raulista.
Antes a los espías-presos-y-confesos los manejábamos desde la no por plana menos eficaz prosa de Enid Blyton [3]. La de “los cinco”, ya saben. Yo llevo años trabajando esa narrativa [4].
Ahora, desgajado uno, se cuelan de repente en la poesía postmoderna de los hermanos Coen [5]. Son pasto del gran Lebowski [6]:

Habrá que trabajar con eso.