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Otro 20 de mayo

Ciento siete once años desde el 20 de mayo de 1902. ¡Tremenda fiesta! ¡Viva Cuba libre!

¿Cuántas veces hemos sido felices desde entonces, sin embargo? Felices en tanto nación, quiero decir, que los individuos podemos ser felices, o no serlo, siempre.

Bueno, lo fuimos aquel día de la inauguración republicana. Por ahí andan las crónicas. ¡Qué dichosos los cubanitos aquel día!

Todos dudaban de la posibilidad de enrumbar el país sin los americanos, pero gozaban de lo lindo. «Cuba será la Suiza de América», dijo Estrada Palma. Y Rafael Montoro, cuenta Rafael Martínez Ortiz, señaló a la calle por la que avanzaba la gente y le preguntó con sorna: «Pero ¿dónde están los suizos?» [1]. Y pasaba la conga.

Fuimos felices más tarde cuando la Danza de los Millones. Bueno, lo fueron unos cuantos. Duró poco y acabó a tiros de brevísima trayectoria.

Fuimos felices cuando se fue Machado. Pero la felicidad dura poco en casa del pobre.

Lo fuimos con la Constituyente de 1940. Europa estaba en guerra. La civilización occidental amenazaba hundirse y los hornos crematorios estaban a punto de comenzar a trabajar a toda marcha. Pero los cubiches, ay, a proclamar constitución requetemoderna. Listos que éramos. Listos que estábamos. ¡Pa’ lo que nos valió! Batista se tomó unas vacaciones.

Después volvió. ¡Apoteosis de la felicidad, la década de los cincuenta! Terrorismo, crímenes de estado, guerrilla, pero, oye, los cubanos todavía añoran aquellos años de carritos nuevos -¡si hasta los conservan!, el “Sans Souci” y el túnel horadado por la Societé des Grands Travaux de Marseille. ¡Chapurreaban el francés aquellos indígenas, como Casal antes!

Y aún estaba por llegar la felicidad suprema: ¡la rRrevolución! Ay, mamita, ¡no cabían en sí de gozo los cubanos! La Oda a la alegría es baladita tristona al lado de la guitarra de Carlos Puebla. Felices como perros con correa nueva estaban los cubiches. ¡Al fin serían grandes entre los grandes, amenaza de guerra nuclear incluida! «El que tenga miedo que se compre un perro», decían. Perro no come perro, pero llamaba a comprarlo.

“Dentro de la rRrvolución todo…” y negativo etc. Zafra después de UMAP. Quinquenio gris y hambre. Hambre, niebla, niebla. Pero las posadas y después de la cola el “sí, mami” y el “ahí, papi”… El orgasmo del Mariel. Felices los que marcharon y los que repudiaron.

Hace cosa de un año leí a un tipo que glosaba su felicidad en los años ochenta, con castrismo a pulso. Las cebollas de Albania, el coñac de Armenia y el pollo a la jardinera de Bulgaria. ¡El tipo los echaba de menos! «¡Qué felices éramos!», aseguraba.

Y fuimos felices por fin cuando Carlos Valenciaga nos dijo en agosto del 2006 que su jefe, Fidel Castro, defecaba por el costado. ¡Felicísimos! ¡El paraíso estaba a la vuelta de la esquina! ¡Faltaba nada, un dedito! (“sí, mami”; “ahí, papi”)

Y aquí estamos, de fiesta.

Los exiliados, exiliados, pero menguando merced a una frontera cada vez más porosa y un previsible susto sociodemográfico. Los que no, convertidos en sujetos cuentapropistas y turistas wannabe o verificados. Se advierte otra vez la felicidad, engañosa como antaño, igualmente falible y gozada.

107 111 años desde el 20 de mayo de 1902.

¿Lo celebro? De hacerlo, ¿por qué coño brindo, oye? ¿Por la patria? ¿Por la República? ¿Por los timbiriches que llenan los portales de la avenida 51 en Marianao? ¿O brindo, sin conocerle el rostro, por la madre de los tomates?


Ilustración: Bandera cubana izada en La Habana el 20 de mayo de 1902.

Una versión de este post fue publicada antes en ETDLV, el 20 de mayo de 2009 [2].

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