Lo extraordinario (también admirable):
Que centenares de miles de personas unieran esfuerzos para pedir la democratización del país y perseveraran durante 18 días para conseguirlo.
Lo ejemplar (también extraordinario):
Que la maquinaria represora del régimen de Hosni Mubarak no fuera capaz de hacer abortar la revuelta cuando esta apenas se iniciaba.
Lo triste:
Costó algo más de 300 muertos. ¡La libertad no sale gratis!
Lo inquietante:
La memoria. El derrocamiento del Shah de Irán se produjo en un similar ambiente democratizador. Sin embargo, a un primer gobierno con participación de diversos elementos de la sociedad iraní siguió apenas año y medio más tarde una radicalización de la «revolución». Hoy Irán constituye el principal motivo de desvelo para Occidente e Israel.
Lo (todavía) infundado:
Que llamemos «el 1989 del mundo árabe» a la cadena de revoluciones a las que asistimos, siquiera por ser cadena de apenas dos eslabones.
Lo alentador:
Que el componente religioso apenas haya asomado en una revuelta de veras plural y horizontal.
Lo incierto:
¿Qué será de Egipto? ¿La pluralidad de actores de la «revolución» egipcia conseguirá articular un perdurable gobierno de unidad? ¿Será capaz de generar empleo y hacer crecer la economía egipcia el gobierno que salga de las urnas en septiembre? De no conseguirlo, ¿monopolizarán los Hermanos Musulmanes la vida política egipcia y nos encontraremos en el escenario dibujado aquí [1]?
Lo tranquilizador (también ejemplar):
El rol jugado por un ejército que se mueve entre sus importantes intereses en sectores fundamentales de la economía, su compromiso con los intereses ocidentales e israelíes y una fuerte adhesión a la idea de una nación fuerte y decisiva en el área.
Lo inspirador (para cubiches):
El parecido de este paseo marítimo egipcio —¿Alejandría, tal vez?— con el malecón de La Habana. (Via Michel Suárez @ Facebook)

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UPDATE:
A propósito de la fotografía: Alejandría, sí.
Más fotografías de la manifestación en esa ciudad y ese «malecón», aquí [2].