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Mariela Castro featuring Herself @ The Wire

Mucho ruido con que si a Mariela Castro le gusta cómo se lo montan las prostitutas de Amsterdam [1]. Por allá se paseó la hija de Raúl Castro. Por el Roze Buurt, el Barrio rojo. “¿Qué tal de resonancias?”, le preguntaría con sorna Lezama si fuera cargamaletas del aeropuerto de La Habana. (Algo plausible: ¿no fue Lorenzo García Vega bagboy del Publix?)

Mariela, ay, esa hija y sobrina de Castros.

Toda una pléyade de indignados con una Mariela Castro que sabe más que todos esos comentaristas del imposible, porque solo soñado, movimiento #OccupyPuntoCero, porque a ella le explicaron el juego. ¡Lo jugó desde niña, oigan! Le tocó como juguete básico por vía doméstica y la piscinita de los domingos, y también de los jueves y los sábados, papa, papá —¿se acuerdan de los juguetes que nos disputábamos nosotros? Ese juego fue su trompo y ella sabe cómo asir la cuerda entre los dedos índice y meñique.

Qué aburrimiento tener que explicarlo, caballeros, señoras. Para hacerlo, a uno se le ocurre echar mano de Shakespeare, ya saben, pero hay vías más expeditas. Más modernas, si me permiten. De The Wire [2], por ejemplo, cuyo guión, dicen, habría escrito Shakespeare de haberle tocado vivir en la Baltimore posindustrial de los ’00. ¡Imagínense el que habría escrito en La Habana mutante de hoy!

A falta del bardo de Macbeth o Ricardo III, lo dicho: The Wire. Ya recurrí aquí antes a su exposición del mundo [3] y creo que con mucho tino.

Aquí va, pues. Mariela/Dee juega al juego que juega mientras nosotros nos entretenemos con damas que atacan en diagonal paseando por la avenida que admirábamos ayer [4].

Atiendan bien. Casi todo lo que nos interesa está explicado aquí. Hay damas, hay tío inamovible, hay la manera en que un peón se convierta en dama. Todo un país, una batalla y un peón que llega al extremo opuesto y se convierte en reina. También la mafia le llama a eso ajedrez. Mariela lo sabe.

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