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Antonio Rodiles: lo que hay en juego

La Habana juzgará a Antonio Rodiles [1], artífice e impulsor de Estado de SATS, uno de los proyectos de oposición cívica al castrismo más notables que conoce Cuba.

Dejando a un lado el acierto (mayúsculo) y las virtudes (amplias) del espacio de reflexión crítica contra el totalitarismo cubano que entraña Estado de SATS, en la circunstancia vital del ciudadano Rodiles se produce un hecho muy especial que señalé en una columna de febrero pasado para El Nuevo Herald: «Viajes de ida y vuelta» [2]. A saber, que Rodiles es alguien que regresó a Cuba después de haber vivido fuera de sus fronteras. Después de haber escapado de ella, que dice tanto muchacho que salió de allá en avión de Iberia y tarjeta blanca concedida. Vivió en los EE.UU., concretamente. Y en México, si recuerdo bien. Y regresó para hacer una oposición valiente, irredenta. Vertical, si me apuran.

Antonio Rodiles representa para la DSE un reto tan pero tan descomunal, de tanta que es su osadía, tanta su temeridad y sobre todo tamaña su convicción democrática, que solo pueden recurrir a la brechtiana «exposición de las herramientas». Y a su aplicación, por lo visto.

Asistimos, no le quepa duda a nadie, a un episodio crucial del sostenido aplastamiento de la dictadura a toda disidencia, porque por primera vez en medio siglo de castrismo estamos ante una disidencia que actúa en una Cuba que muta. Una que ha sido capaz de articular discursos -la Demanda ciudadana por otra Cuba [3], significativamente, en cuya primera nómina de firmantes me cuento- y desarrollar acciones que ponen en cuestión a la Cuba futura ansiada por los Castro y la élite que alimenta una transición gatopardista [4].

Pronunciarse hoy por la libertad inmediata de Antonio Rodiles [5] es pronunciarse por Cuba, por la Cuba que ansiamos los demócratas en la isla y el exilio. Y lo es como no lo ha sido antes jamás.

Quiero a todos mis lectores en esa lucha. Quiero a todos los cubanos en ella. Presión es la consigna. Deber, el motivo. Agradecimiento y admiración son apenas dos de tantas buenas razones.

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