Moratinos, los presos y el Almirante Cervera

- 21/07/10
Categoría: Agua corriente, Exilio, Oposición
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La SINA ofrece a los presos excarcelados viajar a EE.UU. en lugar de a España. A los presos que aún no han viajado, se entiende. Y les avisa que si vuelan a Madrid la puerta a Miami tendrá más cerrojos.

Una alternativa al Welcome de Vallecas con Wellcome distinto, cuyos perfiles aún desconocemos. De hecho todavía desconocemos también los perfiles precisos de la política asistencial española respecto a los presos que viajaron aquí. Pero a quién le importa lo indiscernible, cuando hay certeza arraigada.

Las implicaciones que entraña tal ofrecimiento SINAico y la advertencia correlativa son fabulosas como herramienta de conocimiento para los españoles que se preguntan qué hay con esos disidentes cubanos. Y traerá cola en titulares efectistas. ¡Ya me los imagino!

Trae implicaciones también para quienes se preguntan por el papel real de España como interlocutor con el gobierno de los Castro y país capaz de imantar a los cubanos. A todos quienes tal pregunta alberguen, empresarios incluidos.

Miguel Ángel Moratinos, como otrora Don Pascual Cervera, se enfrenta a una vergüenza que merece menos de lo que a estas alturas estamos dispuestos a concederle.

Él la leerá como alivio, porque tanto la vergüenza como las medias o calcetines a rayas no se estilan entre diplomáticos.

De contra:

En España corría un chiste a propósito del príncipe Felipe y su matrimonio con Letizia Ortiz, periodista y presentadora de telediario. Dice el chiste que cuando Felipe vio a Sara Carbonero en las pantallas de la misma televisión donde había encontrado novia, gritó desesperado: «¡Dios mío, ¿por qué me apresuré tanto?»

Pues, eso.

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¿A quién pertenecen los presos cubanos de Vallecas?

- 20/07/10
Categoría: Agua corriente, Exilio, Oposición, Transición
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Ahora mismo que comienzo a escribir estas líneas, allá lejos, en La Habana, hay un preso cubano a quien le colocan delante un par de zapatos, un pantalón, una camisa de mangas largas y una corbata rutilante antes de subirlo, ya fotogénico, a una furgoneta que lo llevará al Aeropuerto José Martí. Con él viajan ocho presos más.

No me cuesta visualizar la escena, la de actores vestidos con esmero a quienes se empuja a representar la obra de su vida: encontrar la libertad después de siete años en las cárceles de un país que quisieron mejor y que ahora los expulsa. Los vejó una vez y los veja ahora.

Un jet de Iberia ―tal vez el Miguel Hernández o el Luis de Góngora― los espera sin más poesía que el destierro al fondo de un finger donde serán filmados mientras los escoltan sus carceleros para traérselos junto a sus familias y pasaportes en los que la DSE escribió apresuradamente, y con burocrática delectación, «Salida definitiva».

Vuelan a la ciudad de Vallecas con brevísima escala en Madrid. Allí los alojarán en un hostal mucho más cómodo que la cárcel, pero bastante más incómodo que cualquier alojamiento que merezcan hombres traumatizados tras siete años en cárceles crueles e infectas que se reúnen con sus mujeres, sus hijos y sus madres y necesitan de intimidad para superar juntos el duelo. El mismo alojamiento, por cierto, que espera en este país a todo aquel que acuda a solicitar asilo político huyendo de guerras y persecuciones y no tenga medios propios de subsistencia.

La estancia en tales albergues de distribución del dolor suele ser corta. Desde allí la burocracia asistencial española los repartirá por centros para refugiados ―a ellos, curiosamente, no se les recomienda se asuman como tales― y, oye, ¡a integrase se ha dicho! (En este contexto «integrarse» equivale a «olvidarse»)

En dos o tres años, la burocracia gusta de planes a largo plazo, la maquinaria oenegista española quiere que esos hombres y sus familiares sean unos más entre los inmigrantes en España, anónimos ciudadanos que ahorran para comprarse un coche, cenan fuera una vez a la semana y escuchan, en su caso, a Guillermo Portabales o la Orquesta Aragón en estrechos apartamentos de alquiler. Nadie sabrá entonces lo que vivieron, salvo que el History Channel programe algún documental y les regale dos minutos a unos cuantos, como hoy les regalan corbatas en el Combinado del Este.

Ese es el guión.

¿Saben ustedes cuál es la única manera de escribir otro? ¡Claro que lo saben! ¡Como si fuera difícil redactarlo!

¿Pasa por quejarse de lo malo que es Moratinos, de lo penosamente escaso que es el presupuesto que CEAR y Cruz Roja destinan a los refugiados? ¿Pasa por desbarrar del Welcome en Vallecas? ¿Pasa, oigan, por mentarle la madre a Ortega y Alamino? ¿Pasa por, ¡vaya descubrimiento!, revelar que los expatriaron con «salida definitiva»?

En suma, ¿pasa por recrearse en obviedades que cualquiera podía prever? ¿Por mendigar y apuntarse al arte del jirimiqueo?

Los presos cubanos son nuestros presos. Los presos de todos los cubanos y a Moratinos o Zapatero les importan lo que a mí el esperanto. ¿Que ayudaron a que salieran de la cárcel? Yo quería verlos fuera de sus celdas. Todos lo queríamos, ¿no? De modo que gracias por lo que corresponda… Y hasta luego.

Porque, oigan, ahora esos presos son parte del exilio cubano. Del mismo exilio que quiso verlos en libertad. Están aquí hoy: ya atravesaron la cortina de bagazo.

Ahora hay dos posibilidades. La pataleta con que si aún no son libres porque dependen de la caridad española o asumir la responsabilidad que contrajimos con ellos desde que fueron a la cárcel en abril de 2003 por hacer por Cuba lo que pocos hicieron.

Demostrar, por una vez, que al exilio, al próspero exilio cubano, le importan sus presos, le importan de veras.

Hay jornadas en las que uno echa de menos al exilio que ya no es. Al de Jorge Más Canosa, por ejemplo, que se ocupó de tantos cubanos que necesitaban ayuda en la Rusia postsoviética. ¿Lo recuerda alguien mendigando abogados o rublos?

Pero el exilio, por lo visto, ya no es lo que era. Ni nuestros presos son lo que eran cuando estaban en prisión por la Cuba que muchos anhelamos. Ahora son unos próximos muy extraños para los que requerimos atención de los extraños más próximos.

Bah, y todavía queremos que alguien nos tome en serio.

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Cuando Cuba se convierta en “la región más transparente”

- 14/07/10
Categoría: Agua corriente, Exilio, Oposición, Transición
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Así vimos salir a Ariel Sigler de la cárcel hace unos días. ¿Se acuerda alguien?

Esta mañana desde Madrid y en todas las televisiones vimos a otros siete excarcelados.

Un par de millares de televidentes y ojeadores de diarios recuerdan que estos hombres pasaron más de siete años en las cárceles cubanas. Tres millares, si me apuran. Cuatro a to’ meter, vaya.

El resto, gente a la que le colaron esta foto en el telediario de sobremesa o en los papeles de mañana, verán a siete tipos trajeados y encorbatados, sonrientes y erguidos. Hay hasta un panzudo, a la derecha.

A esos largos millones, ante estos hombres que acaban de escapar del presidio político cubano, siete cubanos que pasaron otros tantos años tras las rejas injustamente, les habrá parecido que veían a un grupo de políticos andaluces o colombianos que acaban de ganar unas elecciones locales. Y lo celebran. «Cuba» escucharán unas diez veces los que siguen la noticia por televisión entre bocado y bocado. «Cuba» habrán leído en el titular y la entradilla los que lo vean en la prensa escrita o la digital antes de saltar a otra noticia. Esto será Cuba, pensarán.

«Este es un primer paso para el cambio en Cuba» ha sido el mensaje que transmitieron hoy estos hombres en Madrid ante la prensa convocada por el gobierno español. Así lo verán mañana en los quioscos de toda España en la primera plana de El País, y a buen seguro en muchas otras.

Definitivamente, estamos asistiendo a una de las operaciones de propaganda más eficaces que ha emprendido Cuba jamás, y la primera de la Cuba que viene. También la más feliz, por cierto, porque devuelve la libertad a puñados de hombres encarcelados por la injusticia.

El paisaje que esto anuncia, se los aseguro, va a situar a Cuba, la está situando ya, en una dimensión inédita.

Hoy en esas corbatas rutilantes le hemos visto el rostro al futuro. Al Futuro, escrito con inicial mayúscula cincelada por los hermanos Castro.

En unos pocos meses, si es que no en semanas, estaremos situados en un paisaje tan radicalmente distinto al que nos resulta cómodo ―por lo habituados que estamos exilio y oposición interna a la incomodidad presente―, que habrá que aprender a moverse por los caminos abiertos en el nuevo campo.

Un versallesco jardín con setos plantados con mañas tramposas.

Pero jardín inglés, también, porque más transparente que las aguas de Varadero.

Bienvenidos al Futuro.

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