Jorge Ferrer - 13/08/11
Categoría: Castro & Family
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Dicen los memoriosos que hoy Castro I, née Fidel Castro, cumple 85 años. Ochenta de vida y cinco de sobrevida.
¡Bobadas!
A su pesar y aunque aún pasto de enfermeras, esa bestia ya reposa en los brazos de la nada.

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Jorge Ferrer - 12/08/11
Categoría: Exilio, Urbanas
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Me bastó entrar esta mañana al estanco donde compro cigarrillos casi a diario desde hace, al menos, siete años, para comprender que algo iba a cambiar. Tropecé al entrar, enredado con la correa a la que va atado Bruno; el dueño, y dependiente, estaba hablando en español con una muchacha que me daba la espalda, acodada sobre el mostrador.
Llevo años, decía, acudiendo a ese mismo lugar. Con el dueño siempre hemos hablado en catalán lo que se habla en transacciones la mar de sencillas, más algún comentario acerca del tiempo, el barrio, alguna rubia que me precedía en la cola o el mudable, y casi siempre ascendente, precio de los cigarrillos.
—…es que eso se tiene que acabar —le escuché decirle a la muchacha—. Por lo que sé, antes todo era distinto.
—No tenía nada que ver con lo de ahora —aprobó ella con un acento que podía ser cubano. Ahí decidí entretenerme mirando la mercancía, como si me interesara.
—Es que las cosas tienen que cambiar, porque si no hay cambio todo se hunde —prosiguió el tendero.
—Así mismitico —dijo ella con diminutivo ya con inconfundible olor a carné de identidad cubano.
—Pero ahora esa ciudad está destruida… Han acabado con ella los hijoputas… Ahora, ¡a mí me van a devolver la casa que le quitaron a mi padre! ¡Vaya si me la van a devolver!
Llegados a ese punto, Bruno y yo tuvimos la certeza de que hablaban de La Habana. Hay pocas ciudades del mundo destruidas hoy y con casa por recuperar, más allá de Kigali, alguna otra en la zona fronteriza entre Armenia y Azerbaiján, los Balcanes y posbélico etcétera. Nos acercamos al mostrador, unidos por la correa. A Bruno se lo veía ansioso.
—Solo podemos estar hablando de La Habana —tercié con mi sonrisa de los mediodías. Le pregunté—: ¿Dónde está la casa que te quitaron?
—En el Reparto Fontanar. ¡Tremenda casa! Y la tengo bien fichada en Google Earth. ¿Conoces La Habana?
—Soy habanero —respondí. A la cubanita no pareció hacerle mucha gracia que otro cubano amagara con sumarse a la conversación. Feíta y de «cuelpo etraño» que dicen en el Oriente de Cuba, de donde parecía proceder, le costó disimular una súbita incomodidad.
—¿No me digas que tú eres cubano? —exclamó el otro. Y protestó—: ¿Cómo es que no me lo dijiste antes?
—No había motivo —le dije. Ciertamente, uno no va a comprar cigarrillos con el pasaporte entre los dientes. Y yo ni siquiera tengo pasaporte de ese país.
—Pues, tenemos mucho que hablar. Yo estoy obsesionado con Cuba… Y con esa casa en Fontanar.
—Buenas casas las de Fontanar… —convine. Bruno tiró de la correa.
—Dame un Ducados —le pedí, como de costumbre, aunque ahora en español.
Pagué. Le dije un chao a la hosca y mal encabada cubanita y le guiñé un ojo al catalán de padre siquitrillado.
Dos pulsiones, en clave de double bind: por un lado, la curiosidad por ese catalán que anhela casa de La Habana; por otra, mi renuncia a bajar a comprar cigarrillos tarde sí y tarde no en Barcelona y encontrarme otra vez con esa cosa que se llama Cuba y lo que quieren de ella.
Dejaré que los pasos de Bruno decidan a dónde nos encaminamos pasado mañana. Él sabe. No me supera en estatura, pero sí, y con creces, en instinto.
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Jorge Ferrer - 11/08/11
Categoría: Agua corriente, Excepcionalidad
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La Virgen de la Caridad del Cobre (también llamada Virgen Mambisa por razones no establecidas con certeza) recorre la isla de Cuba desde el año pasado. Es la primera vez que lo hace desde, al menos, 1959.
Una nota del Obispo de Matanzas da cuenta de espectacular caída que sufrió a su paso por un pueblo de Matanzas:
“…la imagen de la Virgen Mambisa cayó sorpresivamente hacia delante, al piso, debido a un desperfecto ocurrido en el lugar donde se había colocado.
Inmediatamente fue llevada al interior del templo y la celebración continuó hasta el fin. Terminada ésta, los participantes que eran numerosos, se fueron retirando silenciosa y ordenadamente con profunda tristeza.
Esa misma noche, la imagen fue trasladada a La Milagrosa, en la Ciudad de Matanzas. Estaba seriamente dañada y la urna casi totalmente destruída (sic) así como parte de las andas.
Gracias a Dios y a la destreza, interés y generosidad de varios artesanos y artistas matanceros todo pudo ser reparado y el martes 2 de agosto a las tres de la tarde se reanudó el recorrido por la diócesis.”
El lamentable incidente, felizmente resuelto, tiene su lado positivo, no crean. Sirve para insertar a Cuba, por una vez, en el mainstream informativo global. Apartadita siempre, ella allá con sus minucias, la Virgen caída de repente la sitúa en medio de lo que está en boca de todos.
Porque sí, son días de espectaculares caídas. De caídas que claman a Dios y a la Virgen.
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