El Granma trae hoy noticias de una ampliación de los márgenes en que pueden moverse los cuentapropistas erigidos en la esperanza blanca del socialismo cubano. Las limitaciones al ejercicio de un mayor número de profesiones y las altas tasas impositivas aplicadas a los nuevos empleados por cuenta propia son dos de los muchos elementos que conspiran contra la capacidad de flotar que tendría esa tabla de salvación arrojada al proceloso mar de la realidad económica del castrismo. Carmelo Mesa-Lago publicó ayer cumplido informe del estado de la mar: no se lo pierda quien lo haya pasado por alto.
Lo anunciado hoy en Granma —esencialmente, la dispensa de algunos gravámenes fiscales, la extensión de la capacidad de contratación y el aumento del volumen de negocio en las paladares— son herramientas que vendrían a flexibilizar el rígido esqueleto del programa de reformas, la tímida apertura hacia un modelo que dé aire, un soplo de aire, a la iniciativa individual. No es suficiente ni mucho menos, pero es un reconocimiento de la necesidad de abrir, o entreabrir, más la puerta.
Más allá de las expectativas que tenga cada cual con eso que en La Habana llaman pomposamente «actualización del modelo cubano», lo cierto es que en los meses venideros, como en los pasados, nos tocará seguir asistiendo a la proyección de una película en la que nunca ocurrirá lo que debe ocurrir, pero cada vez habrá escenas más insinuantes.
A golpe de indicio, en un largo proceso de desvelamiento, se nos tendrá pendientes del momento en que aparezca por fin la carne.
No se me ocurre mejor manera de visualizar esa enojosa situación, aunque no exenta de excitación, que este delicioso montaje de escenas en nada pornográficas de películas pornográficas. Una bien armada exposición de los momentos previos, el inocentísimo y hasta pudibundo hors d’oeuvre, mientras la carne brilla por su ausencia.
Eso es lo que veremos de los cambios en Cuba, por ahora.
¡Vaya tríada! Desde La Habana, proclaman la perdurabilidad del castrismo amenazándonos con una bíblica por imposible longevidad del dictador; desde Matanzas, nos dan aviso de que la madre de un prisionero político muerto en la cárcel se marcha al exilio con residencia en la casa de las quimbambas; desde Miami, la noticia de la muerte de un hombre público del exilio. En definitiva, el sempiterno relato de nuestra condición. Más dictadura, más exilio, más ausencia.
Hay días en que los periódicos pasan por divertidos. Hay otros en que apenas remiten a su sacrosanta función de envolver pescado. Hoy han ofrecido una narrativa que dibuja paisaje verosímil porque veraz. ¡Mal rayo los parta!
Ya hace tiempo que no les pedimos verdades a los periódicos, porque sabemos que no están diseñados para ofrecerlas. ¿A qué perseverar, pues, una vez que ya los hemos eximido de esa función?
Coño, ¡que ni siquiera nos endulcen las tardes con un buen cóctel de ilusiones!
Un nutrido grupo de escritores peruanos —Vargas Llosa, Iwasaki, Roncagliolo, Bryce Echenique y largo etc.— ha rubricado carta de una valentía que sobresalta. Anteponiendo la memoria al pronóstico, la historia a la ficción, llaman a votar por Ollanta Humala el próximo 5 de junio, porque consideran insoportable el regreso del fujimorismo al Perú.
Desde ideologías, biografías y narrativas distintas defienden una idea tan elemental como arriesgada: cortar a toda costa el paso al regreso de una idea chapucera y asesina de la política en la persona de Keiko Fujimori y su cohorte de asesores, aun en favor de aupar al, en el mejor de los casos, criptochavista Humala.
Me enamora esa carta, porque me seduce la certeza esencial que la anima. Todo futuro está por escribir, mientras que la ignominia ya registrada en eso que llamamos con cursilería, pero también con sentencias y con sangre, «anales de la historia» es un paisaje que la ética nos impide querer habitar.