Los “viejitos cubanos”

- 05/10/10
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Podría escribirlo hoy con otras palabras, pero lo publicado aquí hace dos años describe sobradamente un par de sobremesas, y las sensaciones que me inspiraron e inspiran, después de dos días de vuelta en el Sur de la Florida.

Ahí va, pues, un post publicado aquí en noviembre de 2008 y que escribí sentado a esta misma mesa, en Key Largo…

Los “viejitos cubanos”

Uno de los comentarios al post que subí aquí hace un par de días y que titulé Miami(s) –título facilón de esos que se le escapan a uno cuando tiene que titular un texto a diario, y a veces más de uno- decía:

“Aleccionador el post, sobre todo si se desea olvidar el mal que se llama Cuba. ¡No ir a Miami es la solución! Salud.”

Lleva la firma de “Cristina García”, una de esas lectoras que justifican sobradamente trabajar en uno de estos espacios donde quien escribe se la juega a diario. Quien quiera que sea “Cristina García”, como tantos otros lectores, me obliga a hilar cada vez más fino en la rueca que pare los párrafos que escribo para subir aquí. (Pero ese es otro tema, el de la manera en que la reacción inmediata y libre de los lectores obliga a quien escribe.)

Si reparé en ese comentario en particular y lo comento ahora yo mismo aquí arriba en eso que uno llamaría pedantemente “el cuerpo del post” es porque resume de manera concisa y con saludable ironía una pulsión a la que muchos exiliados cubanos nos rendimos con frecuencia, yo mismo lo hago consciente o, las más de las veces, inconsciente, espontáneamente: repudiar a Cuba, blasonar de ser poscubanos o excubanos, denunciar a Cuba como una suerte de mal irremediable. Huidos de la isla e instalados en lugares distantes y, por decirlo rápido, más confortables, y amigos del orden democrático o civil en el que ahora vivimos, nos rendimos al deporte del denuesto: Cuba, puah: ¡Qué fea y que mala es Cuba!

No se trata de un fenómeno nuevo ni mucho menos. La historia del siglo XX cubano conoce otros episodios en los que la desazón que provoca la Cuba desastrada y maltrecha –uso a propósito una palabra tan propia de esos discursos- mueve a la exaltación de la “cubanidad negativa”, al pesimismo, a la pose nihilista. Y es notable la manera en que el “esas no son cubanas” de antaño se ha ido convirtiendo en un “yo no soy cubano” muy a tono con los ánimos posnacionales de un mundo con fronteras porosas e identidades híbridas.

No va a ser ahora que ahonde en ese asunto. Es materia que requiere de afanes que me cojan más reposado que a estas horas y tras ingesta pantagruélica en The Fish House, en la milla 102 de la US1.

Pero sí quiero anotar, aun a expensas de que quien firma “Cristina García” me vapulee por, dirá, cursi, que conozco un ejercicio que incluso a alguien que como yo ha vivido apenas cuatro años de su vida adulta en Cuba le sirve para reconciliarse con ese país por muy difícil que nos lo ponga su historia, la pasada y la presente.

¿Que cómo se llama esa medicina? Tiene nombre fácil y que evoca tristeza. También veneración. Se llama “Viejitos cubanos”. Los “viejitos” de nuestro exilio. Ese es el fármaco que me administro cada vez que vengo al sur de la Florida. Los “viejitos” anónimos. Escucharlos, discutir con ellos sobre Cuba, su paisaje, su música, sus letras, su historia. Revolver sus recuerdos y sus papeles, sus libros y sus discos. Compartir un tamalito y un proverbio, un güisquicito y una melodía, una sopita de pollo en el Versailles y el relato de una juventud de la que nos separa más de medio siglo. Sin proponérselo, esos “viejitos cubanos” nos devuelven a un espacio nacional.

En definitiva, “Cristina García”, todos somos de alguna manera “viejitos cubanos”. Por lo menos, es seguro que lo seremos mañana.

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ETDLV @ Key Largo (again)

- 03/10/10
Categoría: Retazos | Etiquetas:
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Durante los próximos días los lectores de ETDLV verán menguar la frecuencia de mis notas publicadas aquí. No sé cuánto, porque dependerá de unas cuantas variables. Y de la manera en que maneje mis ritmos. O me manejen ellos.

Como cada año he vuelto a mi retiro en Key Largo, Florida, y aquí, como saben los asiduos de esta página, carezco de conexión a internet en casa. Es un precio calculado, como podrán imaginar. Los sueños de la razón hiperinformada producen monstruos. De manera que vale la pena cerrar los oídos de vez en cuando a esa hipertrofia. (Y tómense en serio la referencia al “capricho” de Goya, que se las hace quien esta tarde mascaba pasta de guayaba, otro capricho, etiquetada con su apellido.)

Con todo, confío no abandonarme, ni abandonarnos, demasiado.

¡Salud!

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La “revolución cubana” inspira, ¡claro que sí!

- 01/10/10
Categoría: Media | Etiquetas:
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Imaginen la desazón de ese funcionario en la Embajada cubana de Madrid ocupado de extractar y enviar a La Habana la información sobre Cuba que aparece a diario en la prensa española.

Trabajo ingrato en el que no gana para disgustos, aunque Mauri(vitali)cio Vicent le dé una alegría de vez en cuando.

Pero hay días distintos. Y hoy ha sido uno jubiloso gracias a El Periódico de Catalunya.

Allí en la página 2:

Y en la página 28:

¡Qué bendición! Un piquetero impidiendo que salieran a trabajar quienes ayer querían hacerlo y un terrorista de ETA. Ambos con la imagen de Ernesto Guevara y el etarra incluso con la palabra «Cuba» en el pecho. Ambos con eso que llaman revolución cubana por fuente de inspiración o, al menos, como simbólico envoltorio de la violencia que practican.

Me alegro por ese funcionario cubano. Hoy podrá reportar a La Habana que no todo está perdido. El castrismo sigue inspirando. Aunque apenas sea a los violentos y los asesinos.

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