Jorge Ferrer - 17/12/14
Categoría: Arquitectura
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José Antonio Coderch (1913-1984) es uno de los más conspicuos arquitectos españoles de la segunda mitad el s. XX. Un hombre que revolucionó los interiores de las viviendas que proyectaba con tanta pasión, que algunos clientes tomaban por desgana. Por capricho. Perdió clientes, pero cinceló una obra arquitectónica que le granjeó premios, adhesiones y discípulos. Trataba a los albañiles con reverencia tan mayúscula como despreciaba a funcionarios y políticos. Ni la Wikipedia, tan parlanchina y amiga de enjabonar lomos, pone a sus pies la sábana de letras que merece. El obituario que le dedicó El País el día de su muerte es más cicatero que una estilográfica sedienta de tinta. Los honores póstumos también fueron escasos. Ninguno en el centenario de su nacimiento, el año pasado. El gobierno autonómico catalán, que nunca lo quiso, como a Plá, como a Dalí, por ser catalán y español, por ser español y conservador, mandó a uno, cuando ya Coderch se marchaba de este mundo, a ofrecerle la Cruz de Sant Jordi, pero queriendo asegurarse antes de que no la rechazaría. Coderch le dijo al enviado que si la merecía, debían arriesgarse a otorgársela aun corriendo el riesgo de que la rechazara. Y si no la merecía, ¿entonces por qué se la ofrecían en privado? No hubo ofrecimiento público, naturalmente.

La tienda de mobiliario MINIM, con apoyo del estudio de interiorismo Vilablanch, ha rescatado ahora el último proyecto de José Antonio Coderch, «La herencia», que estuvo décadas perdido. Lo expone en su sede en la Vía Augusta, 185, de Barcelona. «La Herencia de Coderch» es el título de la exposición.
Además, MINIM ha producido un documental donde varios colaboradores de Coderch, junto a puñado de colegas y amigos, dibujan el perfil del arquitecto y el hombre. Se lo podrá ver este diciembre y el próximo enero cada martes. Y no deberían perdérselo. El documental se debe a idea original y guión de Pati Nuñez y Ginés Górriz y fue dirigido por Poldo Pomés.
Si alguien creía que la impronta de Cuba en la arquitectura de Barcelona se iba a quedar en el dinero que aquel López y López, y tantos otros, se trajeron a la ciudad gracias a la trata de negros, y la engrandeció y «ensanchó», ahora ya vemos que no. Ginés Górriz y Elina Vilá, dos cubanos y algunas cosas más, son los responsables, junto a su socia catalana Agnés Blanch, de haber devuelto a José Antonio Coderch a una sala de exposiciones, los periódicos y la memoria de un público más amplio que el de la profesión.

De contra:

Exposición “La Herencia de Coderch”. Un homenaje a José Antonio Coderch y de Sentmenat en el 101 aniversario de su nacimiento.
27 de noviembre de 2014 al 30 de enero de 2015.
Lunes a viernes, de 10 a 20 hrs.
Sábados de 10 a 14 hrs.
Próximas proyecciones y actividades:
Martes 23 y 30 de diciembre y 13, 20 y 27 de enero de 2015 a las 18 hrs., proyección del film “Recordando a Coderch” (67′) de Poldo Pomés.
Martes, 13 de enero de 2015.
18 h: proyección del film “Recordando a Coderch” (67′)de Poldo Pomés.
19:30 h: Mesa redonda “La Herencia de Coderch, el proyecto”. Con Jordi Badia, Josep Llinàs, Octavio Mestre, Jaume Prat y Elina Vilá. Modera Pati Núñez.
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Jorge Ferrer - 01/12/14
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba
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(Últimamente, comparto más contenidos en mi cuenta de Facebook, y ocasionalmente también en la que alimento en Twitter, que aquí. No hay nada deliberado en ello. Tan solo la comodidad de hacerlo desde el teléfono y una idea, acaso equivocada, de la espontaneidad de la comunicación en esas dos redes.
Con todo, a veces echo de menos no copiar algunos temas tratados allá y traerlos aquí.
Lo hago hoy con esta nota que escribí ahora en Facebook).
(A propósito del NYT, sus afanes con Cuba y un Londoño):
De Alexander Calder, el padre de la escultura cinética, se dice que dijo Dalí una vez, al ser preguntado por su obra: “Hombre, si alguien decide dedicarse al noble arte de la escultura, al menos debería conseguir que cuando las termine se estén quietas”. El NYT publicó estas últimas semanas seis editoriales seguidos sobre Cuba, algunos escandalosos por su procastrismo, y ahora envía al autor de esas piezas, un Londoño, a visitar la isla. Dos semanas enteras que se le van a hacer más largas que media mañana en la lavandería sin el iPhone.
¡Ojo al dato! ¡No mandaron a ese Ernesto Londoño a la isla ANTES de que escribiera los puñeteros editoriales, sino que primero los escribió en Nueva York, enfebrecido ahí mientras aporreaba la laptop creyendo que hacía historia, y viaja después a ver qué tal el país sobre el que escribió como experto. “Experto ¿de qué pinga de qué?”, se preguntaría uno si no perdiera el tiempo en construir eufemismos.
Ahora el bueno de Londoño ha asestado puñalada al digital OnCuba, al que concedió entrevista y dice que no, que se la robaron, y su cuenta en Twitter comienza a piar leves críticas a La Habana. Eso después de haber visitado la redacción de Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, así con todas sus mayúsculas, diario que nos regaló texto y fotogalería muy norcoreanas del paso del, dicen, “editorialista”. Y, sobre todo, después de que 14ymedio, el digital que impulsa Yoani Sánchez, dejara saber que Londoño, cuando se reunió con ellos, les dijo que ni entrevistas ni fotos, que no podía, que no.
Ay, Londoño. Ay, Grey Lady…
Esta historia no acabará aquí. Tendrá recorrido que nos divertirá en los próximos días, que nos divertirá a los cuatro que la seguimos, que tampoco es para tanto. Como en las cenas con mi suegra, tan largas, a Londoño le queda todavía paladear los postres. Morder el polvo de la canela.
Y como los Calder que quería Dalí, soñará con haberse quedado quieto, antes de salir a bailar el mambo, su mumbo-jumbo
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Jorge Ferrer - 18/11/14
Categoría: Arte
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Jesús Hernández-Güero (aka Hdez-Güero) me da aviso de las incidencias de una instalación que montó en Caracas en el “Salón Banesco Jóvenes con FIA / XVII Edición – 2014” y quiere compartir con los lectores de este blog. Un caso de censura de manual. O, aquí más pertinente, de bandera.
Hdez-Güero es un artista cubano residente en Venezuela. Es egresado de San Alejandro y el Instituto Superior de Arte. Se formó también en el Taller Arte de Conducta de Tania Bruguera. Ahora no recuerdo cómo fue a parar a Caracas, ni viene al caso, pero me interesa desde hace tiempo lo que está moviendo por allá.
La instalación que gustó a los organizadores de la muestra, disgustó después a eso que llamamos público y lo disgustó tanto que la obra acabó mostrándose desnaturalizada, se titula «Tener la culpa» y opera con uno de esos símbolos que hacen babear a los patriotas: la bandera. La bandera nacional venezolana, ahora.
Estas son las señas de la instalación: TENER LA CULPA, 2013-14. Instalación / Bandera venezolana (150 x 90 cm), asta de bandera en hierro negro, cordel y base de concreto. 200 x 500 x 100 cm- Caracas, 2013-14
Y estas la propuesta, su (ay, efímera) realización primera y su avatar definitivo, des-banderado:



Hdez-Güero ha escrito una crónica del suceso que no vale la pena les glose. Véanla en su site personal, airados tweets patriotas incluidos.
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