Castro I: el «síndrome del fundador» y la «Operación Almohada»

- 28/06/10
Categoría: Crisis, Poscomunismo, Transición
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Tras pasar el día en una biblioteca, acumulando trabajo para las próximas semanas, llego a casa y me encuentro con que Castro I anunció ayer la pronta destrucción del mundo. Muy pronta. Inminente.

¡Y yo tomando notas!

Dice el apocalíptico y (pronto) entubado:

No albergo la menor duda de que tan pronto las naves de guerra de Estados Unidos e Israel ocupen sus puestos ­-junto al resto de las embarcaciones militares norteamericanas ubicadas en las proximidades de las costas iraníes­- e intenten inspeccionar el primer buque mercante de ese país, se desatará una lluvia de proyectiles en una y otra dirección. Será el momento exacto en que se iniciará la terrible guerra. No es posible prever cuántas naves se hundirán ni de qué bandera…

No soy profeta ni adivino. Nadie me informó una palabra de lo que iba a ocurrir; todo ha sido fruto de lo que hoy califico como el razonamiento lógico…

Lo que no cabe la menor duda es que desde Europa, las armas nucleares de Gran Bretaña y Francia, aliadas a Estados Unidos e Israel -que impusieron con entusiasmo la resolución que inevitablemente desatará la guerra, y ésta, por las razones explicadas, de inmediato se volverá nuclear-, amenazan el territorio ruso, aunque el país al igual que China ha tratado de evitar en la medida de las fuerzas y las posibilidades de cada una de ellas…

El disminuido dictador cubano quiere convencerse de que no lo sobreviviremos. Se muere por querernos muertos a todos juntos. «Me los llevo conmigo», se dice como el mafioso que sabe va a ser tiroteado y confía cargar también con sus asesinos.

Padece una versión extrema de lo que en sociología de empresa llaman «síndrome del fundador». Se trata de curiosa y rara patología que consiste ―la resumo― en el horror que le produce a quien fundó una empresa saber que ésta lo sobrevivirá. Cuando el fundador lo constata se empeña en destruirla antes de morir él mismo, porque no tolera la idea de imaginar un futuro sobre el que no podrá decidir. Muchas empresas y fundaciones han padecido la saña psicopática de esos fundadores de camino a la muerte.

Y Castro I, quien se tiene a sí mismo por uno de los fundadores del mundo (político) en que vivimos, no quiere que la humanidad se prolongue más allá de su paseo en catafalco al mausoleo. De Cuba, su empresa por medio siglo, ni hablar.

Tengo la certeza de que si Fidel Castro Ruz tuviera en sus manos la herramienta con que destruir la civilización, la utilizaría sin demora. La lectura de sus reflexiones marcadas por el fin-del-mundismo lo demuestra.

Cargaría con todos nosotros, como el mafioso de marras. Como el mafioso que ha sido.

Razón de más para poner en marcha la «Operación Almohada». ¿Se acuerdan?

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Más guardianes del día y de la noche…

- 22/06/10
Categoría: Letra impresa, Poscomunismo
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La colección Best Seller de la editorial DeBols!llo acaba de publicar una nueva edición española de mi traducción de Guardianes de la noche y Guardianes del día, los dos primeros volúmenes de la célebre trilogía de Serguéi Lukyanenko.

Tras vender más de un millón de ejemplares en Rusia, los libros de Lukyanenko se tradujeron a otras diez lenguas y fueron objeto de sendas adaptaciones al cine.

Aparecidos inicialmente en Plaza & Janés en 2006 y 2007, esta reedición promete ganarles más lectores hispanohablantes. Que ojalá.

En Cuba, por cierto, los fans de Lukyanenko y su sangriento y misterioso mundo poscomunista poblado por mafiosos, vampiros y teriántropos son legión.

Así, durante su visita a la última edición de la Feria del Libro de La Habana, el autor hizo una aparición multitudinaria en la que se le rogó cediera los derechos de estos libros para su publicación en Cuba. Algo que Lukyanenko hizo gustosamente.

Guardianes de la noche (DeBols!llo, Barcelona, 2010, 525 pp.;  tr. de Jorge Ferrer) y Guardianes del día (DeBols!llo, Barcelona, 2010, 512 pp.; tr. de Jorge Ferrer) pueden comprarse en Casa del Libro y otras librerías.

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Artemisa y Mayabeque: poesía de la transición

- 09/06/10
Categoría: Poscomunismo, Transición | Etiquetas:
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Me divierte esa propuesta de La Habana partida en dos que leo.

Proponen que lo que quedó de la antigua provincia Habana después de que la segregaran de la capital y pasara a llamarse coloquialmente «Habana Campo» sea subdividida a favor de dos nuevas provincias, Artemisa y Mayabeque. De paso, la primera le hurta a Pinar del Río tres municipios y entre ellos San Cristóbal, al que Raúl Castro tiene por la esperanza blanca de la producción de alimentos. (Tengo para mí que a los pinareños no les va a gustar que se lleven la jama para La Habana ―así la seguirán llamando por los siglos de los siglos. Porque una cosa es que se la incauten en camiones y otra a la manera de Saddam, pero ese es otro asunto y tampoco San Cristóbal es precisamente un Kuwait.)

Lo que me divierte, digo, es que no podían haber imaginado denominaciones más sugerentes para las nuevas provincias que Artemisa y Mayabeque. ¡Prodigioso, oye! ¿Cambios quieren? Pues, les prometen deliciosas alegorías de cambios. Provincia con nombre de diosa protectora de los partos y provincia con nombre de río. Habrá parto y todo fluye. Dos ideas que calarán profundo en las poéticas almas de los cubanos. Referencias a Heredia y Heráclito ya correrán de boca en boca en los corrillos del Parque Central. «La bomba H», dirán los entusiastas a los incrédulos.

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El «poco a poco» de Castro II continúa ―cómo no, tratándose de señero amante de las artes―, por la poesía. La lírica de influencia greco-latina y el neosiboneyismo: ¡qué no harán con la simpar Artemisa o con el bucólico Mayabeque! Imagínense lo que esa dupla dará a Palmas y Cañas cuando güineros y corralillenses se enfrenten en justa repentista: Artemisa que rima con «pisa» ―«pisar» en lengua guajira es lo que es― y Mayabeque que rima con «teque».

Y hay más provecho. De paso, muchos pinareños podrán librarse del sambenito de tales. Ahora serán artemiseños, aunque en secreto se llamarán habaneros. ¡Cuánta alegría la de todos esos antes tildados de bobos por altivos habaneros de rancio linaje y ahora convertidos en listos por ley que se votará ―hasta el más pinareño de los pinareños lo sabe― por unanimidad!

No hay cambios en Cuba, dice tanto hombre de mala fe. A ver si cuando este hachazo a la geografía política muestre sus bondades ―¿alguien duda de ellas conociendo la extraordinaria eficacia administrativa del socialismo cubano?― se convencen de que la nave va. Surca las aguas del Mayabeque bajo la atenta mirada de Artemisa, sus flechas listas para clavarse en las carnes del astado que… Oye, ¡y las vacas donde están!

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